editorial
Montero a la caza de los 'susanistas': guerra sucia en el PSOE andaluz
Es el método sanchista en estado puro. Sánchez no se conformó con ganar las primarias de 2017. Según los informes de la UCO y las propias insinuaciones de Susana Díaz sobre censos inflados, votos falsos y financiación irregular, quiso aplastar a la andaluza

María Jesús Montero con Pilar Bernabé en un mitin en Sevilla
La exclusiva que publica hoy ESdiario no deja lugar a dudas: María Jesús Montero no es solo la candidata a la Presidencia de la Junta. Es la ejecutora más fiel de Pedro Sánchez, la encargada de cobrar las facturas pendientes con los derrotados internos. La conversación verificada entre ella y José Luis Ábalos en 2021 –hoy sentado en el banquillo del Supremo por presunta corrupción– lo demuestra con crudeza. Cuando el entonces secretario de Organización le consulta si puede ofrecer un cargo de directora general a Sonia Gaya, exconsejera con Susana Díaz, la respuesta de Montero es tajante: “No, no puede ofrecerle nada. Es la lugarteniente de Susana en el ayuntamiento”. Ni méritos, ni capacidad. Solo el bando. Gaya había “puesto a parir al Gobierno” y “jugado con malas artes”. Caso cerrado.
No se trata de una anécdota. Es el método sanchista en estado puro. Sánchez no se conformó con ganar las primarias de 2017. Según los informes de la UCO y las propias insinuaciones de Susana Díaz sobre censos inflados, votos falsos y financiación irregular, quiso aplastar a la andaluza y a todo su entorno. Montero fue el ariete de esa cacería. Veto a Gaya, robo de la alcaldía de Sevilla –donde Espadas fue forzado a dimitir y la número dos, Gaya, fue saltado por el número tres–, marginación sistemática de los susanistas. Siete mil sanitarios despedidos en 2012, recortes y externalizaciones que ahora se olvidan convenientemente. Todo vale si se trata de borrar del mapa a quien no se arrodille.
Susana Díaz, la que en su día prometía coser el partido, aceptó el sillón de senadora a cambio de silencio. Ha visto cómo sus más próximos eran perseguidos, humillados y arrinconados. Ha callado. Ha mirado para otro lado. Y siete años después sigue en la sopa boba del Senado mientras sus leales languidecen. Ni siquiera ahora, cuando Sánchez ve el final del camino, se atreve a levantar la voz.
La lección es clara: el sanchismo no solo es antidemocrático cuando gobierna España. También lo es dentro del PSOE. No busca vencer a sus adversarios. Busca borrarlos. Y Montero, con su talibanismo andaluz, es la prueba viviente de que la purga continúa. El partido que presume de pluralidad es, en realidad, una secta donde la lealtad al líder se paga con la cabeza del discrepante.