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Miguel Queipo

Miguel Queipo de Llano

Manda BalonES

La escapada lujuriosa de Mbappé

Ester Expósito y Kylian Mbappé, dos tortolitos que enojan al madridismo

Ester Expósito y Kylian Mbappé, dos tortolitos que enojan al madridismoEuropa Press

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Seguro que ustedes conocen algún caso. El de un familiar-amigo-conocido-allegado-a al que, estando de baja en su empresa por enfermadad, le han pillado con el carrito del helado haciendo cosas indebidas (ir de compras, bajar al bar, recoger a los niños del colegio) y le han despedido de su trabajo por causa justificada. Kylian Mbappé, el de la rodilla moribunda, de baja médica con su club, tenía permiso por parte de los servicios médicos del Real Madrid para tomarse unos días de descanso. Toca saber si la orden de dejar reposar su articulación incluye viajar a París, ir a cenar y a una discoteca el 1 de mayo, tomar luego un avión a Italia, alquilar un yate e irse a comerle los morros a su pareja, Esther Expósito, mientras le fotografían en la cubierta de la embarcación.

Más allá de que eso sea tolerado o no por el Real Madrid, que ellos sabrán si el embudo está puesto por el lado del vástago (el pitorro estrecho, por entendernos) o por la boca cónica (el otro, el ancho). Si traga o no traga, vaya. Pero los que le han puesto la cruz, y no hay más que mirar las redes sociales para entenderlo, son los aficionados madridistas. Hartos de que les tomen el pelo y de ver cómo los esfuerzos físicos se dejan para prender hogueras en el Mediterráneo y no para hacer el amago de estorbar al rival, aunque sea simbólicamente, en la presión colectiva de su equipo.

Nos vendieron, hace ya mucho, que Mbappé era un futbolista extraordinariamente inteligente. Un tío que sabía el suelo que pisaba. En el último encuentro liguero de los blancos en el Santiago Bernabéu, ante el Girona, el respetable ya le dedicó un concierto de pitos. No mayoritario, pero sucedió. No parece la mejor idea sobreexponerse públicamente haciéndole arrumacos a una señora cuya reputación la persigue mientras el madridismo sufre en silencio que su equipo ha acabado la temporada a años luz de lo prometido hace justo un año, cuando Ancelotti enfilaba las playas de Copacabana. Y no me refiero solo a ganar algún título.

Desde que Mbappé se ha ennoviado, parece un adolescente con picores y no un deportista de elite con el marchamo de una profesionalidad ejemplar. Nos lo imaginamos todo el día colgado del teléfono con la Expósito diciendo aquello de "cuelga tú", "no, tú", "ay, tú, no seas tonto", mientras ejerce de enamoradísimo agitando febrilmente sus calzoncillos para dejar clara su posición en la relación. 

Tras un curso futbolístico donde al madridista de a pie le ha dado una voltereta hasta la vaquilla con menos trapío, lo que la afición espera es que Mbappé, ya que no es madridista, ejerza al menos de novillero y no de Rocco Sifredi y reciba al siguiente astado en los medios. Pues ni eso. Ahora habrá que ver cómo le reciben el próximo día que se ponga la blanca y si esta escapada lujuriosa no tiene consecuencias, porque le quedan, ¡manda balonES!, cuatro años más de contrato. 

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