la mirilla
El griterío de María Jesús Montero

María Jesús Montero junto a Pedro Sánchez, en un acto en Cártama (Málaga)
Ayer tuve la curiosidad de escuchar entero el mitin de María Jesús Montero. Tremendo.
La candidata socialista en Andalucía habla como si nunca hubiese sido vicepresidenta con Pedro Sánchez. Como si no hubiera tenido responsabilidades de gobierno. Para ella, todo empieza ahora.
Habla mucho. Y me da la impresión que escucha poco. Y, sobre todo, repite. Los mismos reproches al Partido Popular. Las mismas consignas. Las frases hechas.
Eso sí, todo con tanto énfasis que parece importante… y, sin embargo, cada vez interesa menos. Porque el problema no es el tono. Es el fondo.
¿Cómo puede la ministra de Hacienda que hasta hace unos días defendía una financiación singular para Cataluña —claramente perjudicial para Andalucía— intentar ahora borrarlo con palabras? ¿Cómo se explica eso? No se explica. Se tira de argumentario. Y cuando la política se limita a recitar consignas… deja de convencer.
Por eso no sorprende lo que empieza a verse. Un votante socialista que se desconecta. No de golpe. Ni haciendo demasiado ruido. Poco a poco.
El mismo que durante décadas sostuvo al PSOE en Andalucía. El que convirtió a esa comunidad en su gran bastión electoral. Ese votante ya no se reconoce en el mensaje.
Porque entre lo que se dice hoy… y lo que se hizo ayer… hay demasiada distancia. Y cuando esa distancia se hace evidente, el relato no basta. Porque falta la credibilidad.
Mientras tanto, en el otro lado, la gestión de Juanma Moreno habla por sí sola. Y en política, cuando la gestión habla… el discurso grita en vano. Ahí está la diferencia. Y, seguramente, la clave de lo que viene.
A.M. BEAUMONT