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Aldama y Sánchez, guerra total: el 'número 1' usa a la fiscalía general para intentar callarle

Víctor de Aldama y Pedro Sánchez.

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Víctor de Aldama ha destapado la cloaca. El comisionista que durante años movió los hilos de la trama Koldo no solo ha entregado a la Justicia los audios que hunden a José Luis Ábalos y a Koldo García. Ha ido más allá: ha señalado directamente a Pedro Sánchez como el “número 1” de la organización criminal que saqueó el Ministerio de Transportes, financió irregularmente al PSOE y repartió comisiones millonarias con Venezuela de por medio. 

Sus grabaciones son demoledoras: medio kilo al mes de petróleo para Ábalos, cinco millones por la venta del cuartel general de la SEPI - con Begoña Gómez interfiriendo en la operación en beneficio del IE-, favores fiscales y puertas giratorias que huelen a corrupción de alto voltaje.

La colaboración de Aldama ha sido, según el propio fiscal jefe Anticorrupción Alejandro Luzón, “esencial” y “no autoexculpatoria”. Sin él, la Audiencia Nacional seguiría a ciegas. Por eso Luzón estaba dispuesto a reconocer la atenuante de colaboración y rebajar sensiblemente su pena. Pero entonces Aldama cometió el pecado imperdonable: nombró al jefe. Y Sánchez se desquició.

La fiscal general del Estado, Teresa Peramato, ha recibido la orden clara: boicotear el pacto no escrito con Aldama. Peramato, nombrada por este Gobierno, ha instruido a Luzón que no solicite la rebaja de pena. El mensaje es brutal: quien acuse al presidente no saldrá indemne. Da igual que Aldama haya aportado pruebas de financiación ilegal del PSOE, de amaños en obras públicas y de comisiones que salpicaban hasta la Moncloa. El “número 1” ha decidido usar la Fiscalía como arma personal para silenciar al testigo más incómodo.

Estamos ante un escándalo de Estado. No es solo venganza contra un imputado. Es la confirmación de que la Fiscalía ya no es independiente: es un instrumento al servicio del poder. Mientras Ábalos se sienta en el banquillo, Sánchez mueve los hilos desde la Moncloa para que el delator pague caro su verdad. Aldama no se calla. Y esa es, precisamente, la mayor derrota de Sánchez: ya no puede tapar la corrupción con un simple “no pasa nada”. La guerra es total. Y el país lo está viendo en directo.

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