Las cobardes ausencias de Sánchez y Marlaska

Pedro Sánchez, y el ministro de Interior, Fernando Grande-Marlaska
Hay presencias importantes. Claro. Pero también hay ausencias que pesan. Y el funeral por los guardias civiles muertos en Huelva era uno de esos momentos donde el Gobierno debía estar representado con claridad. No como gesto político. Como obligación moral e institucional.
Por eso llamó tanto la atención la ausencia del presidente del Gobierno y del ministro del Interior. Pedro Sánchez y Fernando Grande-Marlaska se escondieron.
Pero, cuando mueren servidores públicos en acto de servicio, no hablamos solo de un drama humano. Hablamos de quienes sostienen una parte esencial del Estado. Y ahí los símbolos importan. Mucho.
No se trata de agenda. Ni de protocolo. Ni siquiera de oportunidad política. Es cuestión de acompañar. De transmitir que las instituciones no abandonan a quienes las sirven. España siempre entendió eso muy bien.
La Guardia Civil no es únicamente un cuerpo policial. Es también una idea de servicio, sacrificio y presencia del Estado en muchos lugares donde casi no llega nadie más. Por eso determinadas ausencias generan desconcierto. Porque se perciben como distancia. Y quizá ahí sí haya algo más profundo.
Una incomodidad creciente del poder actual con ciertas instituciones clásicas del Estado. Los jueces. La Corona. La Guardia Civil. Como si parte del sanchismo las contemplara más como obstáculos que como pilares institucionales.
Puede parecer exagerado. Pero la política también se construye con gestos. Y hay silencios que terminan como mensajes grabados en piedra.
Una vergüenza que Sánchez y Marlaska, representando al Estado, no hayan encontrado tiempo para acompañar a quienes han servido a España y su libertad hasta el final.
A.M. BEAUMONT