enfoques del director
Sánchez sufre en Marlaska su realidad social: abucheos al Gobierno que no puede pisar la calle
Este miércoles, en la jura de bandera de la última promoción de cabos y guardias en Baeza (Jaén), Fernando Grande-Marlaska vivió en directo lo que el Gobierno lleva meses sufriendo a puerta cerrada: el rechazo visceral de la sociedad. Al afirmar “comprendo vuestro dolor, vuestra rabia” y rematar con un “permitidme, estoy rabioso” por la muerte en acto de servicio de los guardias civiles Germán y Jerónimo en Huelva, el ministro del Interior fue abucheado con tal intensidad que el acto tuvo que interrumpirse. Ni las llamadas al orden por megafonía lograron acallar el clamor. Era el grito contenido de unas fuerzas de seguridad hartas de promesas vacías, de narcotráfico desbocado y de un ministro que ni siquiera acudió al funeral de sus agentes.
No es un incidente aislado. Es la foto fija de un Ejecutivo al que la mayoría de los españoles no solo le ha dado la espalda, sino que lo desprecia profundamente. La cara de Marlaska es la cara de Pedro Sánchez, el primero en la lista de rechazados. Pero no está solo: Óscar Puente, María Jesús Montero y el propio Marlaska encarnan esa misma desconexión. Montero llamó “accidente laboral” a la muerte de dos guardias civiles; Puente ha convertido los trenes en un meme nacional y sufre hasta encontronazos personales con ciudadanos anónimos; y Marlaska acumula años de enfrentamiento con la Guardia Civil y la Policía Nacional por su gestión del narcotráfico y la inmigración ilegal.
Estamos ante un Gobierno atrincherado en el poder. Sin presupuestos aprobados, sin mayoría parlamentaria propia, sin respaldo social. Se mantiene porque la Constitución no permite una moción de censura creíble y porque Sánchez ha convertido la supervivencia en su única política. Pero la realidad en la calle es tozuda: no pueden pisar un acto público sin riesgo de pitada, no pueden visitar una ciudad sin blindaje, no pueden mirar a la cara a quienes les pagan el sueldo.
Este domingo, los andaluces tienen la oportunidad de certificarlo en las urnas. El 17 de mayo no es solo una cita autonómica: es el termómetro nacional de un rechazo que ya no se esconde. El Gobierno de Sánchez ha llegado al final de su ciclo. Lo que queda es el ruido de los abucheos. Y cada vez son más fuertes.
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