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La revolución que Andalucía no puede dejar pasar

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Pocas comunidades en Europa pueden presentar una combinación tan grande de historia, riqueza cultural, talento y calidad de vida. Tenemos un patrimonio cultural imponente y una cultura inmaterial de alcance y relevancia universal. Ciudades-Patrimonio que son referentes culturales en todo el mundo.

Tradiciones populares, artísticas, gastronómicas y religiosas que forman parte de nuestra identidad colectiva y que a la vez son plenamente reconocibles en gran parte del mundo. Variedad de paisajes que van desde una estación invernal como la de Sierra Nevada a un paraíso de biodiversidad como el de Doñana, o desde la riqueza virgen de Cabo de Gata hasta la imponente campiña cordobesa, desde los olivares del interior de Jaén hasta las inmensas playas de Cádiz y Huelva y las diversas costas de Málaga, Granada o Almería.

Andalucía ha sido, y sigue siendo, una potencia turística de primer nivel. Esto no es por casualidad, sino porque ofrece algo difícil de imitar en un mismo territorio: un clima envidiable, una enorme variedad paisajística, una riqueza y tradición cultural imponente, una gastronomía de primer nivel y una forma de vivir que atrae a millones de personas cada año. Un turismo diverso, para todos los públicos, con un alto grado de satisfacción para el visitante y con una capacidad de impulso económico extraordinaria.

Andalucía es también una tierra agrícola desde hace siglos. Con cultivos y artes centenarios, hoy nuestro campo es capaz de competir con un alto grado de innovación, con eficiencia en el aprovechamiento del agua y gracias a una capacidad logística avanzada presenta una capacidad exportadora de primer nivel. 

El campo andaluz es un claro ejemplo de economía real, gracias al esfuerzo de los agricultores y a su capacidad de innovación. Capaz de generar miles de empleos y orientada al comercio exterior y la exportación.

A todo ello se suman universidades centenarias, centros de investigación, parques tecnológicos, actividad minera, puertos estratégicos, una posición geográfica privilegiada y una sociedad con una enorme capacidad de adaptación.

Pero a pesar de unas condiciones con tantas posibilidades, lo cierto es que durante mucho tiempo faltó algo esencial: una economía suficientemente industrial y generadora de empleo cualificado. Esa ha sido una de las grandes limitaciones históricas de Andalucía. Desgraciadamente la revolución industrial pasó por delante de nosotros.

Mientras otros territorios construían economía con presencia industrial potente, Andalucía se hizo dependiente del sector primario, de los servicios tradicionales, de la administración pública que todo lo intervenía y dirigía y de actividades con un menor valor añadido. Eso nos hizo una economía más vulnerable y menos productiva, a la vez que convirtió a los andaluces en más dependientes. Andalucía era incapaz de ofrecer a nuestros jóvenes oportunidades profesionales y estos se veían obligados a emigrar en busca de mejores oportunidades.

Durante décadas los gobiernos socialistas en la Junta no fueron capaces, o no quisieron impulsar de manera decidida nuestro modelo económico. Fueron gobiernos conformistas que se limitaban a gestionar -o propiciar- la dependencia económica y que se olvidaron de fomentar el crecimiento y expandir la prosperidad. La inversión no encontraba un entorno atractivo. 

El emprendimiento era frenado por cada vez más burocracia, una presión fiscal asfixiante y la falta de agilidad de una adminitración ineficiente. En Andalucía asumir riesgos para crear riqueza y generar empleo era algo exótico y raro, cuando debería haber sido una prioridad política.

Y ese es el cambio que hoy vive Andalucía

El Gobierno de Juanma Moreno no ha inventado las fortalezas de nuestra tierra. Ya estaban ahí. Lo que ha hecho es ordenarlas, activarlas y ponerlas al servicio de una economía más abierta y más atractiva para invertir. Una economía más competitiva, una economía para un mundo más global.

Bajar impuestos, simplificar trámites, ofrecer estabilidad política y generar confianza en los inversores son las condiciones indispensables para que una empresa decida instalarse, para que un autónomo se atreva a emprender primero, para crecer después y para que un profesional cualificado contemple nuestra comunidad no solo como un buen lugar para pasar unos dias de verano, sino como un buen lugar para trabajar y prosperar junto a su familia.

Hoy los datos son hechos incontestables. Andalucía ha superado los 221.000 millones de euros de PIB. Ha rebasado los 40.000 millones en exportaciones. Ha aumentado su inversión en I+D y hoy atrae más proyectos empresariales, más talento y más actividad vinculada a sectores de alto valor.

Málaga se ha consolidado como polo tecnológico. Granada aspira a ocupar una posición relevante en inteligencia artificial e investigación en salud avanzada. Huelva y Cádiz se enfrentan a un proceso de reindustrialización al situarse en el mapa europeo del hidrógeno verde y los gases renovables. Sevilla y Cádiz mantienen una posición estratégica en el sector aeroespacial. Córdoba avanza en industria de defensa. Jaén y Almería demuestran que la agricultura puede ser tradición y alta tecnología al mismo tiempo.

Andalucía no puede permitirse perder la revolución tecnológica como perdió la revolución industrial. No podemos mirar desde la barrera mientras otros territorios acaparan las inversiones, las empresas, los centros de decisión y el empleo de mayor calidad. Esta vez Andalucía no se puede conformar con ver pasar las oportunidades simplemente como espectadores, esta vez Andalucía puede ser la protagonista.

Para lograrlo, no basta con presumir de nuestras potencialidades. Hay que seguir haciendo lo que estos 7 últimos años ha funcionado: estabilidad política, fiscalidad competitiva, seguridad jurídica, menos burocracia, mejor formación, más suelo productivo, mejores infraestructuras, energía suficiente y agua garantizada. Todo eso y una administración autonómica que acompañe al que crea empleo y que no le ponga palos en las ruedas.

Andalucía tiene historia, cultura, paisaje, turismo, universidades, puertos, energía. Andalucía tiene talento. Andalucía lo tiene todo. Pero es que ahora empezamos a tener es una estrategia económica para convertir todo eso en mayor prosperidad para los andaluces.

Esa es la gran tarea de los próximos años: que Andalucía deje de ser solo una tierra conocida por lo que fue y por lo que es, para convertirse también en una tierra respetada por lo que es capaz de innovar y liderar.

Porque esta vez Andalucía es protagonista de una revolución económica imparable. Es protagonista de su futuro.

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