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Recuenco y Sánchez: dos maneras de entender el poder

Miguel Ángel Recuenco, alcalde de Leganés

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Hubo un tiempo en que gobernar sin Presupuestos era una anomalía. Un fracaso político. Si un presidente no lograba sacar adelante sus cuentas, asumía que algo importante se había roto.

Ese tiempo el sanchismo lo ha arrasado.

Pedro Sánchez lleva toda la legislatura instalado en la prórroga. Sin Presupuestos. Sin mayoría estable. Sin someterse a una cuestión de confianza. Y sin intención alguna de pasar cualquier examen político, salvo aquellos que siente que controla.

Resistir lo ha convertido en una ideología. Aguantar. Permanecer. Seguir en el machito. Aunque el coche circule con la reserva encendida y el motor vaya a tirones.

En Leganés, una de las ciudades más grandes de Madrid, ha ocurrido esta semana algo llamativo. Miguel Ángel Recuenco, su alcalde, perdió la votación de los Presupuestos y ha hecho justo lo contrario. Vincular inmediatamente su continuidad a una cuestión de confianza. Jugarse el cargo. Ponerlo encima de la mesa.

No porque la ley le obligue. Porque entiende que gobernar consiste en asumir que sin unas cuentas públicas que avalen la gestión, su ciudad se quedará parada. No es seguir mandando lo que desea, sino seguir mejorando la vida de sus vecinos.

Hay una diferencia importante. Sánchez gobierna sin Presupuestos y sin preguntarle nada a los españoles. Recuenco decide precisamente preguntarlo todo. Y hacerlo poniendo algo propio en juego. Su cargo.

Dos formas de entender la política. Sin duda.

Una considera el poder un refugio. Otra lo entiende como una responsabilidad temporal.

La imagen de esta semana tiene algo casi pedagógico. Mientras PSOE, Más Madrid, Podemos y Vox se unían en Leganés para bloquear unas cuentas, el alcalde respondía jugándose la Alcaldía. Mientras tanto, en La Moncloa, Sánchez continúa instalado en una legislatura convertida en sala de espera.

Una política intenta desbloquear. La otra simplemente busca sobrevivir.

Y quizá ahí esté el verdadero mensaje. Se ha normalizado tanto resistir que ya casi nadie recuerda para qué era gobernar.

A.M. BEAUMONT

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