la mirilla
La política en pausa que desespera

Pedro Sánchez, durante el 27º Congreso de JSE
Hay una España que madruga cada mañana. Los comercios levantan sus persianas. Los autónomos hacen demasiadas cuentas. Las empresas buscan clientes. Los agricultores trabajan sus tierras con grandes dificultades. Los padres llevan a sus hijos al colegio. Los jóvenes pelean contra un mercado de la vivienda que les cierra las puertas. Los jubilados llegan a fin de mes como pueden. Con todo, la vida sigue. España no se para.
Lo que parece haberse detenido es la política nacional. Hace tiempo que el país vive instalado en una estrambótica sala de espera. Todo el mundo sabe que algo tendrá que ocurrir. Los socios del Gobierno lo palpan aunque cierren los ojos. La oposición lo tiene claro. Los empresarios lo mascan. Los ciudadanos lo piden cada día en sus conversaciones. Pero nadie se atreve a poner fecha al desenlace.
Mientras tanto, esta legislatura fallida se consume. Los Presupuestos han desaparecido de la normalidad democrática. El Parlamento funciona por tracción partidista. Cada ley exige una negociación agónica. Las votaciones son un mercadeo. Todo parece un ejercicio de supervivencia. Gobernar ha dejado paso a resistir.
Pedro Sánchez insiste en que seguirá. Y seguramente seguirá mientras los números le permitan permanecer en La Moncloa. Está en su derecho. Pero una cosa es resistir políticamente y otra muy distinta dirigir un país.
Porque España necesita algo más que un Gobierno que aguante. Busca rumbo. Reformas. Seguridad jurídica. Estabilidad institucional. Incluso previsibilidad económica. Es decir, los españoles deseamos saber hacia dónde va la política más allá de tratar de sortear escándalos de corrupción.
Lo curioso es que el país real continúa avanzando pese a la política. Las empresas invierten. Los trabajadores producen. Los ayuntamientos resuelven problemas. Las familias toman decisiones. La sociedad sigue caminando. Y ello pese a que no ayudan quienes deberían marcar el camino.
La sensación de provisionalidad empieza a extenderse. Como si España hubiese entrado en una especie de tiempo muerto. Se percibe que toda la energía nacional está dedicada a sostener una legislatura en lugar de construir un proyecto. La falta de dirección es insoportable. Aquí, todos nos conformamos con seguir esperando. Desesperante.
A. M. BEAUMONT