editorial
El turno de Begoña Gómez: un asunto que hunde a Sánchez y le obsesiona
La estrategia ha sido clara: victimizarse, politizar la Justicia y tildar de "fango" cualquier exigencia de transparencia. Mientras tanto, los indicios acumulados no han hecho sino crecer

La esposa del presidente del gobierno, Begoña Gómez, junto a la presidenta del PSOE, Cristina Narbona, durante el 41 Congreso Federal del PSOE en el Palacio de Congresos y Exposiciones.
Este lunes, 15 de junio, Begoña Gómez tiene una cita ineludible en los juzgados de Plaza de Castilla. El juez Juan Carlos Peinado la ha convocado, junto a su asesora Cristina Álvarez y el empresario Juan Carlos Barrabés, a una audiencia preliminar de cara al juicio con jurado popular. La citación no es opcional: obliga a comparecer personalmente, bajo apercibimiento expreso de detención por la fuerza pública si no acude. La esposa del presidente del Gobierno escuchará de boca del magistrado los cargos que pesan sobre ella: tráfico de influencias, malversación, corrupción en los negocios y apropiación indebida de marca, entre otros. Las acusaciones populares piden hasta 24 años de cárcel.
Este momento judicial no es un incidente aislado. Es el epicentro de la mayor crisis ética y política del sanchismo. La génesis de esta cloaca se remonta a abril de 2024, cuando Pedro Sánchez se encerró cinco días en La Moncloa como protesta teatral por la apertura de la investigación contra su esposa. Aquel paréntesis de silencio y victimismo, presentado como “reflexión”, fue en realidad el reconocimiento implícito de que el caso Begoña Gómez amenazaba la estabilidad de su Gobierno. En lugar de permitir que la Justicia siguiera su curso con normalidad, Sánchez convirtió el procedimiento en un ataque personal y una “campaña de acoso”. Desde entonces, su obsesión por blindar a su mujer ha marcado cada decisión: desde los ataques al juez Peinado hasta la utilización descarada de las instituciones del Estado para desacreditar la investigación.
La estrategia ha sido clara: victimizarse, politizar la Justicia y tildar de “fango” cualquier exigencia de transparencia. Mientras tanto, los indicios acumulados —influencias en contratos públicos, gestión opaca de cátedras y másteres en la Complutense, nombramientos a dedo— no han hecho sino crecer. La Fiscalía pide archivo, pero las acusaciones populares y la propia instrucción mantienen el pulso. El riesgo de fuga alegado por algunos y las medidas cautelares posibles subrayan la gravedad.
Sánchez ha convertido el caso de su esposa en el eje de su supervivencia política. Cada paso judicial lo hunde un poco más porque revela que su proyecto no se sostiene sobre ideas, sino sobre impunidad familiar. Este lunes, Begoña Gómez comparece. Y con ella, comparece el verdadero rostro de un Gobierno atrapado en sus propias contradicciones: el que predica regeneración democrática mientras erige un muro de protección alrededor de los suyos.
La Justicia, lenta pero inexorable, sigue su camino. Sánchez, obsesionado, se hunde en su propia trampa.