enfoques del director
Zapatero entra en pánico: el juez Calama implica en la trama corrupta a sus hijas y a su secretaria
Zapatero se hunde y, lo que es peor, hunde con él a sus hijas e incluso a su secretaria. Apenas un día después de que el expresidente declarara durante casi tres horas ante el juez José Luis Calama en la Audiencia Nacional, el magistrado ha dado el paso que el propio Zapatero más temía: imputar formalmente como investigadas a Laura y Alba Rodríguez Espinosa y a su fiel secretaria, Gertrudis Alcázar Jiménez, “Gertru”.
Esta era la peor pesadilla del exlíder socialista, quien había filtrado su obsesión por mantener al margen a su familia. Calama, sin embargo, ha decidido lo contrario. Las hijas son administradoras solidarias de Whathefav SL, sociedad que el auto describe como “elemento finalista y funcional” de la trama.
Según los indicios recopilados por la UDEF, Whathefav actuaba como vehículo para facturación ad hoc, redistribución de fondos y cobertura formal a operaciones sin actividad real: facturas genéricas de “servicios agencia”, maquetación de informes elaborados por colaboradores de Zapatero, y flujos circulares que terminaban beneficiando al expresidente y su entorno (más de medio millón de euros solo de una de las empresas del entramado). Zapatero, además, figuraba como autorizado en las cuentas bancarias de sus hijas.
En paralelo, Gertrudis Alcázar aparece como “pieza operativa esencial” de la red. Desde la oficina de Ferraz 35 y usando la cuenta presidentezapatero@..., gestionaba la elaboración de facturas ficticias o infladas, recibía instrucciones directas sobre conceptos, importes y periodificación, y coordinaba la apariencia documental de los pagos. Los correos intervenidos la sitúan como nodo central de comunicación y ejecución de las órdenes del entramado.
Esta imputación no es un capricho: es la constatación judicial de que la trama no operaba en el vacío, sino a través de personas de máxima confianza y de la propia familia. Zapatero, que se presentó como víctima de una persecución política, ve ahora cómo la investigación alcanza el núcleo más íntimo de su círculo. El juez Calama no solo no le ha exonerado: ha abierto una grieta profunda en su defensa.
El expresidente ya no puede escudarse solo en su palabra. Sus hijas y su secretaria tendrán que declarar como investigadas. La trama se cierra sobre él y sobre los suyos. Y el pánico, a estas alturas, ya es evidente. Quizás esto le anime a cambiar de estrategia y pasar de la negación de todo, pese a las evidencias, al reconocimiento de los delitos. Ese camino de colaboración podría resultarle más beneficioso a él y, sobre todo, a sus propias hijas.
Y otra cuestión. ¿Qué hará Sánchez ahora? ¿Seguirá negando la evidencia y defendiendo a Zapatero o empezará a reconocer que la corrupción también afectaba a su amigo, aliado y referente político?
España
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Alejandro Ibáñez