Colombia vuelve a las urnas: De la Espriella y el voto contra el miedo

Papeletas de voto en un colegio electoral colombiano
Las elecciones presidenciales en Colombia de este domingo dejan una conclusión más clara que el simple cambio de inquilino en la Casa de Nariño. Si los resultados de los sondeos terminan confirmándose, Colombia dará un giro político de enorme magnitud. No será únicamente la victoria de Abelardo de la Espriella; será, sobre todo, la derrota de Gustavo Petro y un modelo de país que una parte mayoritaria de los colombianos ha decidido cortar de raíz.
Las campañas suelen presentarse como una elección entre dos programas de gobierno. En realidad, muchas veces son un referéndum sobre el presente gobierno. Y eso es lo que ha ocurrido en Colombia.
Después de cuatro años de petrismo, inmovilismo y populismo, millones de colombianos han llegado a la conclusión de que no quieren cuatro años más de lo mismo. Con una diferencia. Una presidencia de Cepeda pondría en serio riesgo el régimen constitucional a pesar de que haya dicho una y mil veces que renuncia a plantear una reforma constituyente que casi nadie quiere en el país. No será la primera vez que un comunista miente con descaro sobre sus intenciones reales de gobierno.
Candidato ideal
Es indudable que ‘El Tigre’ tiene un carisma y un don de convencer a las masas que atrae como un imán. Habla bien, sabe dirigirse a cada público según el momento y el escenario… Mucho votante de centro e incluso gente que se considera moderadamente de izquierda le votará con tal de que Cepeda no lleve a cabo su siniestro plan de acabar con las instituciones.
En esta ocasión, el votante no solo se va a movilizar impulsado únicamente por los encantos que despierta un candidato, como en este caso De la Espriella, también lo hará, especialmente en las personas más de centro, por el temor a que Iván Cepeda dé un paso más de un proyecto político, que muchos consideran inasumiblemente radical en lo económico, en lo institucional y en materia de seguridad.
En política existe una máxima: cuando el miedo supera a la esperanza, gana quien representa el cambio. Y precisamente eso se espera que suceda este domingo. Muchos colombianos no votaron pensando únicamente en el país que desean construir, sino en el país que no quieren llegar a ser.
Cepeda defiende y promueve la continuidad de buena parte de las políticas del actual gobierno. Para sus seguidores, eso significaba profundizar las reformas sociales iniciadas durante estos cuatro años. Para sus detractores, supondría insistir en un modelo que ha generado incertidumbre económica, confrontación institucional y una política de seguridad considerada nefasta frente al crecimiento de los grupos armados ilegales. Y especialmente, un riesgo de que el país entre en una deriva populista y de inseguridad jurídica al estilo Venezuela. Recordemos que Cepeda, educado en la URSS, ha sido durante décadas un activista muy cercano a las FARC.
En ese contexto apareció Abelardo de la Espriella ofreciendo exactamente lo contrario. Y dio con la tecla. Conquistando el voto de casi todos los anti petristas.
Estado libertario
Su propuesta gira alrededor de un estado mucho más pequeño, una reducción drástica de la burocracia, menos ministerios, menor presión fiscal, una apuesta decidida por la inversión privada y una ofensiva frontal contra el crimen organizado. Su promesa consiste en recuperar el monopolio de la fuerza del Estado, eliminar cualquier negociación con organizaciones criminales, erradicar los cultivos ilícitos mediante fumigación y fortalecer la acción de las Fuerzas Militares y de la Policía como Bukele.
En el plano económico, plantea un modelo claramente libertario, al estilo Milei: reducción del gasto público, simplificación administrativa, disminución de impuestos y creación de un entorno favorable para la inversión nacional y extranjera. La inspiración es evidente: gobiernos que apostaron por adelgazar el Estado con la expectativa de que sea el sector privado quien impulse el crecimiento.
Naturalmente, sobre el papel todo resulta muy llamativo. La verdadera incógnita es saber si será capaz de ejecutarlo.
Reducir el tamaño del Estado en un 40 %, eliminar cientos de miles de cargos públicos y mantener simultáneamente la prestación de los servicios esenciales constituye un desafío enorme. También lo es aspirar a tasas de crecimiento cercanas al 7 % anual en un contexto internacional lleno de incertidumbres.
El voto del miedo
Pero las elecciones no se deciden únicamente sobre la viabilidad técnica de esas propuestas. Se deciden, sobre todo, desde la emotividad, llegando a las entrañas del votante. En estas últimas horas De la Espriella no se puede relajar porque Cepeda cuenta con el apoyo descarado, e ilegal, del presidente Petro. Recordemos que en Colombia, a diferencia de España, la ley prohíbe expresamente hacer campaña política por un candidato a un presidente en ejercicio. Y Cepeda cuenta también con toda la maquinaria de un estado desesperado por no perder el poder que tantas décadas le costó conseguir a la izquierda radical.
Las urnas en la primera vuelta fueron claras. Enviaron un mensaje político muy claro: un país polarizado, pero con un ligero giro hacia la derecha. La inseguridad, la desaceleración económica y el desgaste del gobierno han pesado más que las promesas de profundizar las reformas ocurrencias populeras de Petro. El voto terminó siendo, en buena medida, un voto de castigo al presidente más ineficaz de la historia.
La hora de la verdad
Para De la Espriella, ahora comienza la parte verdaderamente difícil. Ganar unas elecciones siempre es más sencillo que transformar un país. Si gana este domingo, tendrá que demostrar que las propuestas que han ilusionado a millones de colombianos y que el cambio prometido es compatible con la estabilidad institucional, el crecimiento económico y la seguridad jurídica. El populista Petro no pudo por la izquierda, esperemos que Abelardo sí sea capaz por la derecha.