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La encrucijada de Colombia

Los tres candidatos a la presidencia de Colombia 2026

Los tres candidatos a la presidencia de Colombia 2026

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Colombia llega completamente polarizada a las elecciones presidenciales de este domingo. Y todo apunta a que ningún candidato será capaz de ganar en esta primera votación, por lo que el país tendrá que esperar hasta el 21 de junio para saber quién será el próximo presidente en la segunda vuelta.

Los dos modelos están bien definidos: por un lado está Iván Cepeda, heredero de una izquierda que llega unida en torno a la continuidad del legado de Gustavo Petro y que representa el estatismo extremo.

Por otro lado, está la opción más liberal o de derecha tradicional, representada por dos candidatos más distintos entre sí en cuanto a la forma que en el fondo: Abelardo de la Espriella y Paloma Valencia.

Hasta el momento y frente a la división del centro derecha, Cepeda lidera en las encuestas. Veamos qué país proyecta cada candidato.

Si gana el izquierdista Cepeda, Colombia daría un paso más hacia adelante en la línea política del petrismo. El programa de Cepeda incluye 143 menciones a Petro o su gobierno. No es solo un detalle, evidencia una línea continuista. Es excavar más hondo en el modelo estatista. Más gasto social. Más intervención. Más reforma agraria. Más intervención en la economía y una visión donde el gobierno tenga un papel mucho más dominante en la redistribución social. En resumen, un Estado más grande, un estado XXL. Socialismo del siglo XXI de manual.

Más impuestos

La visión de redistribución económica en la que cree Cepeda necesita caja. Una caja bien llena. Pero para poder repartir prebendas, primero hay que tener. ¿Consecuencia? Aumento de la presión fiscal. A preparar los bolsillos.

Más efectos. Una mayor regulación en el mercado laboral y más presión sobre sectores estratégicos como los hidrocarburos, la banca o las telecomunicaciones.

El gobierno de Cepeda intentará fortalecer derechos laborales y aumentar el papel de los sindicatos a cualquier precio. La clásica narrativa “más Estado, menos mercado” que en general ha dado pocas alegrías a los pueblos.

Lo hemos visto tantas veces...

Cuando se regula demasiado, se termina frenando la contratación y aumentando la informalidad, en la que Colombia supera el 50 %. El riesgo está en caer en una economía poco dinámica que provoque la huida de capitales y el freno de la inversión internacional.

En materia de seguridad, se produciría el mayor choque político. Cepeda representa una visión más negociadora frente al conflicto armado, incluso mayor que la línea de ‘Paz Total’ de Petro. Eso fortalecerá a los grupos ilegales, como ha pasado en los cuatro años del actual gobierno. Frente a un Estado que transmite debilidad o falta de autoridad en los territorios, se disparan las bandas criminales. También lo hemos visto más de una vez.

En referencia al narcotráfico, su gobierno se enfocaría más en la sustitución de cultivos, cero fumigación y desarrollo rural como solución al problema social del campo. El problema real es que Colombia ya ha perdido control territorial en varias zonas del país, y reducir la presión militar fortalecerá las disidencias de las FARC, al ELN y a los otros grupos armados que dominan el narcotráfico.

La salud, en el centro del debate

Un tema crítico en Colombia es el modelo de salud. La calidad del sistema público viene cuesta abajo en la última década, y se ha acelerado alarmantemente en los cuatro años de Petro. Un gobierno de Cepeda buscaría más control del sistema y una transformación profunda del modelo actual. Se aceleraría la transición hacia un sistema ciento por ciento público. Ellos lo llaman ‘universalizar la sanidad’, los que saben... arruinarlo. Porque hay una cosa que la izquierda no sabe o no quiere entender: los recursos son finitos. ¿Cómo financiarían el coste total de los programas que hoy están quebrados? Su única respuesta es subir impuestos a la clase media, hasta que la vaca deje de dar leche y todo se derrumbe.

No es que yo venga del futuro, es que siempre sucede. Demasiadas veces, en demasiados países.

Y finalmente, llegamos a las libertades individuales. Cepeda promete ampliar los derechos sociales de las minorías. Como todo en la izquierda populista: bonitas palabras, mensajes vacíos… que en la práctica real de políticas se traducen en nada. Al final, pasa lo de siempre, crece el intervencionismo estatal, la presión ideológica sobre los sectores y el control político sobre las instituciones.

Más derroche económico en redes clientelares para los colegas, más pago de favores políticos… y cero resultados. También lo hemos visto muchas veces. Si no, que se lo pregunten a los argentinos o a los españoles, con sus inútiles políticas identitarias en ministerios agrandados y cargados de corrupción.

Con todo, el mayor riesgo en Cepeda es la previsible degradación del sistema democrático. Colonización sobre las instituciones de control, presión sobre el Congreso y los jueces. Con la sombra siempre presente de reformar la Constitución si las cosas no le salen como esperan. Un plan de ir erosionando la democracia desde dentro si los contrapoderes frenan su plan de gobierno. Algo similar al sanchismo en España o al kirchnerismo en Argentina.

Ahora vamos con el escenario de que gane la derecha, ya sea Abelardo de la Espriella o Paloma Valencia. El país daría un giro más duro que el que desempeñó Iván Duque en los cuatro años anteriores a Petro. Buscarían recuperar el tiempo perdido en los cuatro años de Petro. Donde el país se paralizó.

El nuevo Bukele

El modelo de De la Espriella es más cercano a personajes como Bukele o Milei. En lo económico: reducción de impuestos, menos regulación y defensa agresiva de la inversión privada. Probablemente veríamos una narrativa de “Colombia abierta para los negocios”. Eso mejoraría la confianza del sector empresarial y atraería más capital extranjero, especialmente en sectores como los hidrocarburos, el agro y el turismo. Algo seguro. Si gana ‘el Tigre’, la bolsa de valores se dispara al día siguiente.

En temas de empleo, De la Espriella apuesta por la flexibilización laboral y el crecimiento vía empresa privada, lo que dinamizaría la contratación, bajaría el empleo informal y mejorarían los indicadores macroeconómicos. Sus críticos dirán que podría aumentar la precarización en el mercado laboral. Y puede ser, especialmente en el corto plazo. Pero en el largo plazo, y si se logra sostener en el tiempo, una economía dinámica es positiva para todos: empleadores y empleados. De primero de economía básica.

El cambio más radical en el país vendría en materia de seguridad. Mano dura, fortalecimiento de las fuerzas armadas, ofensiva militar inmediata contra grupos ilegales, 90 días para recuperar el territorio, fumigación con glifosato. Cárceles de máxima seguridad y ruptura de diálogos con grupos terroristas que no cumplan. Algo muy parecido al uribismo de principios de siglo.

Un pequeño pero a esta visión. Los grupos subversivos de hoy no son las FARC de los 2000. Están más fragmentados, son más urbanos, tecnológicos y transnacionales. La fuerza sola creo que tampoco le alcanzaría para pacificar el país. La estrategia del palo y la zanahoria suele funcionar bien.

Frente al narcotráfico, se regresaría a una política mucho más agresiva: mayor presión frente a las bandas, cooperación estrecha con EEUU y más extradiciones.

Respecto a la salud, no plantearía grandes cambios, manteniendo el sistema mixto. Inyectaría 10 billones de pesos para estabilizar el sector público, en quiebra técnica actualmente. Por lo demás, en su línea de defensa del papel del sector privado y freno a cualquier movimiento de estatalización de la sanidad.

Mano dura

Sobre libertades individuales, aquí aparece una teórica contradicción interesante. Económicamente, sería un gobierno más liberal. Pero en seguridad y orden público promete ser implacable en contra de los delincuentes y el crimen organizado. De liberal nada. Los escépticos temen excesos de autoridad y concentración de poder. Pero eso estaría por ver...

La mayor dificultad con la que se enfrentaría un De la Espriella presidente sería el ambiente de confrontación social y de protestas. La izquierda, a diferencia de la derecha, cuando pierde el poder toma la calle para quemarla si es necesario. Ese choque de trenes generará importantes tensiones.

Finalmente, Paloma Valencia es la cara del nuevo uribismo. Representa una política más ideológica de partido, más institucional. Menos personalista que De la Espriella. Aunque en el fondo, y si nos vamos a la política de facto, habría pocas diferencias en un eventual gobierno de uno u otro.

Paloma también aboga por la defensa de la inversión privada y el discurso promercado… Reducción del impuesto de renta empresarial, eliminación del impuesto al patrimonio, simplificación del estatuto tributario, y reducción del gasto público en 50 billones de pesos. El mensaje al empresario y al inversor extranjero es claro: En mi gobierno habrá seguridad jurídica.

En temas de seguridad, igualmente se producirá un giro de endurecimiento respecto al gobierno de Petro, o al que propondría Cepeda. Ha anunciado como novedad el ‘Plan 30-30’: treinta mil nuevos policías y treinta mil nuevos militares para ejercer más presión sobre los grupos armados. También plantea una revisión crítica de la ‘Paz Total’ de Petro. Con un tono más técnico, menos explosivo y algo más moderado que De la Espriella.

La constituyente en el horizonte

Mismo programa que ‘el Tigre’ en políticas de salud, y bastante parecido en el régimen de libertades individuales. Paloma Valencia se autodefine como la candidata más clara en defensa de la institucionalidad y la Constitución. Y seguramente esté en lo cierto. Su coalición tiene como eje explícito frenar cualquier intento de asamblea constituyente. Para el centro-derecha, esa es la carta más sólida para garantizar el modelo de país.

Este domingo, Colombia vota algo más que a un presidente. Vota qué sistema de seguridad se quiere. Vota qué hacer en contra del narcotráfico y los grupos armados; con la salud, con la economía, incluso con el mismo modelo de Estado.

¿Quieren los colombianos profundizar en el modelo intervencionista… o girar hacia un país más liberal y comprometido con la seguridad? Hispanoamérica está virando hacia la derecha. ¿Se unirá Colombia a esta corriente o la izquierda rancia y populera logrará mantener el poder? Veremos…

Cepeda es Petro con mayor capacidad para transformar el país.

Sin pelos en la lengua: Cepeda es el camino hacia la ruina colectiva. No ahora, ni mañana, ni en unos meses… pero sí en pocos años, si no se le ponen límites y logra hacer lo que dice que quiere hacer.

De la Espriella es una moneda al aire, el bisturí sin anestesia para abrir, operar y cerrar la hemorragia económica y moral que deja Petro como herencia. Sin experiencia política, pero con toda la determinación y las ideas claras de lo que quiere. Al contrario que con Cepeda, si cumpliera e hiciera hacer todo lo que dice que hará, Colombia se dispararía… ¿Será capaz?

Y Paloma Valencia representa el orden y la seguridad institucional, con una mayor pretensión técnica y confianza en que los colombianos, si son algo, son duros, resistentes y trabajadores. Valores que ella encarna y con los que siempre se llega muy lejos.

En resumen, tres visiones distintas de la política y el país, y cuatro años para vivir o sufrir las consecuencias.

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