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Fiarse de Sánchez: el fatal error de Ábalos que le ha costado una dura pena de prisión

El sanchismo devora a sus hijos cuando ya no sirven. Ábalos, artífice del ascenso de Sánchez, paga ahora con la libertad el precio de haber creído que la lealtad al líder era recíproca

José Luis Ábalos atiende a los medios cuando era secretario de Organización del PSOE y ministro con Koldo García detrás.

José Luis Ábalos atiende a los medios cuando era secretario de Organización del PSOE y ministro con Koldo García detrás.Jorge Gil / Europa Press

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Creer las promesas de Sánchez trasladadas por Santos Cerdán. Ese fue el fatal error de José Luis Ábalos que le ha costado, por ahora, una pena de 24 años de cárcel. El Supremo ha condenado al exministro y exsecretario de Organización del PSOE a 24 años y tres meses de prisión (con un máximo de cumplimiento de 16 años y medio) por organización criminal, cohecho, malversación y tráfico de influencias en el caso mascarillas. Su fiel escudero Koldo García ha recibido 19 años y ocho meses. La sentencia, unánime, marca el primer gran varapalo judicial al sanchismo y expone la podredumbre de una trama que saqueó fondos públicos en plena pandemia.

Ábalos y Koldo mantuvieron hasta el final la fe en que Ferraz y Moncloa les salvarían. Tres días después de la detención de Koldo en febrero de 2021, Santos Cerdán se presentó en la casa de Ábalos en Rivas Vaciamadrid con un mensaje claro de la cúpula: lealtad a cambio de sustento. Le ofrecieron un contrato en una consultora afín, artículos pagados en la Fundación Avanza, tertulias televisivas y, sobre todo, el pago de abogados y la protección institucional para que el proceso no les alcanzara. A cambio, solo pedían silencio y que soltara el acta de diputado. Ábalos grabó la conversación; los mensajes de Cerdán eran explícitos.

Leire Díez, la “fontanera” enviada por la dirección, reforzó el espejismo: el Gobierno trabajaba para anular la causa, solo había que mantener la omertá. Ábalos creyó que su “lealtad” con Sánchez -quien en una reunión secreta en Moncloa le había señalado a Koldo como el problema- le blindaría. Koldo, más impaciente, amenazaba con “partir piernas” si no llegaba el dinero para su familia. Ambos confiaron en la cloaca montada en Ferraz para estos fines. Nunca se materializó como esperaban.

El resultado es demoledor. Mientras Víctor de Aldama, que colaboró con la Justicia, evita la cárcel, Ábalos y Koldo inician una travesía carcelaria similar a la de los cabecillas de Gürtel. El Supremo ha certificado que existió una organización criminal con reparto de funciones para amañar contratos de mascarillas por millones. El cortafuegos que Ábalos creyó ser se ha convertido en su tumba política y personal.

Fiarse de Sánchez y su entorno ha sido, una vez más, un error letal. Las promesas de protección, los pagos de abogados, las tertulias y los contratos se evaporaron cuando llegó la hora de la verdad. El sanchismo devora a sus hijos cuando ya no sirven. Ábalos, artífice del ascenso de Sánchez, paga ahora con la libertad el precio de haber creído que la lealtad al líder era recíproca. Una lección amarga para quien aún confíe en que las palabras de Ferraz valen algo más que papel mojado. La Justicia, al menos, ha cumplido su papel. El resto es historia de una corrupción que salpica hasta la cima del poder.

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