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Sánchez recibe el castigo que más teme del Congreso: la mayoría le exige una cuestión de confianza

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, interviene en el Congreso

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, interviene en el Congreso

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El Congreso ha dictado su sentencia más contundente contra Pedro Sánchez. Al aprobar la moción del PP que le insta a someterse a una cuestión de confianza, la Cámara ha dejado claro que el presidente está solo. No es un gesto simbólico ni una maniobra menor: es el reconocimiento explícito de que la mayoría de los diputados ya no le otorga su apoyo político. Esa mayoría —formada por PP, Vox, Junts y otros grupos— ha decidido que Sánchez debe someterse al veredicto del hemiciclo sobre su programa y su gestión.

El presidente lo sabe y por eso le produce pánico. Una cuestión de confianza no es una formalidad: si la pierde, todo su Gobierno cae y se abre un proceso de investidura que muy probablemente acabaría con su salida del poder. Sánchez no se someterá porque sabe que la perdería. Prefiere cargar con el coste político de desoír al Congreso —es decir, de desobedecer la voluntad de la mayoría de los españoles representados en la Cámara— antes que arriesgarse a un final político precipitado.

Esa decisión, sin embargo, tiene un precio. Al rechazar someterse a la confianza parlamentaria, Sánchez evidencia su soledad y su debilidad. Se queda expuesto ante la opinión pública, sin la coartada de una presunta mayoría que le respalde, mientras los casos de corrupción que rodean a su entorno siguen avanzando. 

Permanecer en el poder a costa de ignorar al Congreso no fortalece su posición: la debilita aún más. Porque una cosa es resistir políticamente y otra muy distinta es gobernar a sabiendas de que la mayoría de la Cámara ya ha retirado su confianza. Ese es el verdadero castigo que el Congreso le ha infligido hoy.

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