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Sánchez destruye el Estado: la Agencia Tributaria implosiona por Zapatero y la Fiscalía ante el juez

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, durante el acto oficial de clausura del Congreso del Espacio 2026 en el Auditorio Mutua Madrileña.

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Pedro Sánchez está desmontando el Estado desde dentro. No con decretos espectaculares, sino con la manipulación de las instituciones en su propio beneficio: es la erosión silenciosa de los pilares del Estado. El último ejemplo es la implosión interna de la Agencia Tributaria a causa de las joyas de José Luis Rodríguez Zapatero. Unas alhajas tasadas en más de 1,3 millones de euros, halladas por la UDEF en la caja fuerte del despacho de Ferraz, sin rastro fiscal ni aduanero en Hacienda.

El juez José Luis Calama ha abierto pieza separada por delito fiscal y contrabando. Ha ofrecido a la Agencia Tributaria personarse como acusación particular al considerarla perjudicada. Y la respuesta institucional ha sido de pánico. Tres altos cargos, incluida la directora general Soledad Fernández Doctor, han solicitado abandonar sus puestos: apesta a maniobra para no comerse el marrón que probablemente le piden que se coma. La directora deberá comparecer en el Senado para explicar por qué la Agencia no actuó antes. “Hacienda somos todos”, repetía el mantra. Pero cuando el afectado es un expresidente socialista influyente, el principio se tambalea y los funcionarios huyen.

Al mismo tiempo, la Fiscalía General del Estado está siendo citada por el juez Santiago Pedraz. La mano derecha del ex fiscal general Álvaro García Ortiz y otra fiscal han sido llamadas a declarar sobre reuniones en la sede de Fortuny con la “fontanera” del PSOE, Leire Díez, para urdir denuncias contra quienes investigan al Gobierno y al partido.

Dos instituciones clave —la que recauda y la que persigue— bajo sospecha de politización y parálisis ante el poder socialista. Zapatero no es un caso aislado: es el símbolo de un sistema en el que las élites del PSOE parecen operar con reglas distintas. Sánchez preside este deterioro. No lo combate. Lo tolera o lo aprovecha. 

Cuando la Agencia Tributaria tiembla ante un ex presidente de su propio partido y la Fiscalía aparece salpicada en tramas para desactivar investigaciones, ya no hablamos de escándalos puntuales. Hablamos de un Estado que se descompone. Los españoles siguen pagando impuestos y esperando justicia. Pero las instituciones que deberían garantizar la igualdad ante la ley se quiebran por miedo a tocar a los suyos. Esto no es gobernar. Es destruir.

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