la mirilla
La cansina política del bombo y platillo

Pedro Sánchez, Alberto Núñez Feijóo, Ana Pastor y Vicente Vallés, en el debate electoral de julio de 2023.
En la política española todo son escándalos, broncas y líos mayúsculos. Da igual el día que uno abra el periódico o encienda la radio o la televisión. Siempre hay una nueva polémica, una acusación, un enfrentamiento o una batalla más.
Alguien debería recordar a nuestros políticos una obviedad que parece haberse olvidado: los ciudadanos les eligen para resolver problemas, no para crearlos ni para hacerlos cada vez más grandes.
España no puede permitirse gastar tanta energía en alimentar conflictos mientras se acumulan las preocupaciones reales de millones de personas. La vivienda, el coste de la vida, la sanidad, el empleo o la conciliación siguen esperando respuestas. ¿Consenso? Una locura. Al revés, la agenda pública vive atrapada en una sucesión interminable de incendios políticos.
Y, además, ocurre algo preocupante. Llega un momento en que resulta imposible distinguir quién actúa por convicción y quién interpreta un papel. Quién defiende principios y quién simplemente busca el siguiente titular. Quién es auténtico y quién es un personaje construido para la película permanente de la política.
Cuando la representación acaba sustituyendo a la realidad, la política deja de servir a los ciudadanos y empieza a servirse de ellos. Y ese siempre es un pobre final.
Fíjense bien, este miércoles Aznar fue a presentar a la portavoz del PP, Ester Muñoz, y la dejó sonriendo fuera del foco. Regenerando. Hasta entre bomberos políticos se pisan la manguera.
A.M. BEAUMONT