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OTAN, el matrimonio mal avenido

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y el de Turquía, Tayyip Erdogan, durante la cumbre de la OTAN en Ankara.

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y el de Turquía, Tayyip Erdogan, durante la cumbre de la OTAN en Ankara.Depo Photos

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Desde hoy, los 32 líderes de la OTAN se reúnen en Ankara, Turquía. En casa de Erdoğan. Es la segunda vez que Turquía acoge una cumbre desde Estambul 2004, y el simbolismo no es pequeño en este momento. Es el socio más incómodo de la Alianza porque compra misiles a Rusia, y hace de mediador con Putin. Lo del turco es lo que comúnmente se conoce como jugar con dos barajas.

Ankara lleva semanas preparándose para la cita. Se ha gastado más de 200 millones de euros en los preparativos, El gobierno prohibió las manifestaciones desde finales de junio, y la oposición pro kurda denuncia que la capital se ha convertido en una prisión a cielo abierto.

Líos locales aparte, la cumbre es, posiblemente, la más caliente de los últimos años y, muy probablemente, cambiará el futuro 77 años después de la firma del Tratado del Atlántico Norte. Sobre el papel, todo va de dinero. Hace un año, en La Haya, los aliados prometieron dedicar el 5% del PIB en defensa para 2035. Y ahora toca pasar lista de los avances. El secretario general, Mark Rutte, presume de que los europeos y Canadá gastaron 90.000 millones de dólares más en 2025, hasta superar los 570.000 millones… aunque para Donald Trump nunca es suficiente. El gran tema.

Mucho dinero en juego

Pero además, en Ankara se firmarán contratos de armamento por decenas de miles de millones, y el borrador de la declaración final —que ya circula por Internet extraoficialmente— reafirma el compromiso "inquebrantable" con el Artículo 5, y promete 70.000 millones de euros en ayuda para la guerra de Ucrania solo para los próximos seis meses.

Ucrania, además de dinero, tiene una urgencia muy concreta: su defensa antiaérea. Kiev necesita baterías antimisiles antes del invierno, y la mala noticia es que los arsenales balísticos aliados están algo mermados tras la guerra de Irán. Ese será otro caballo de batalla en Ankara.

Como dije antes, por encima de los militar, está lo técnico y lo económico. En Ankara toca la primera evaluación de los planes de los 32 aliados, y la consigna oficial es que no basta con gastar más, hay que gastar en las capacidades correctas.

No es nuevo que España está en el centro en la diana. El embajador norteamericano ante la OTAN dijo esta semana, sin cortarse un pelo, que Trump está decepcionado con el gobierno de Pedro Sánchez: por el uso de las bases durante la guerra de Irán y por ese 2,1% del PIB que el propio Sánchez impuso unilateralmente como excepción al 5%. Trump ha llegado a llamarnos un “desastre” de socio.

España, el apestado

Por debajo de la mesa, como siempre todo lo que toca a la España de Pedro Sánchez: polémica, engaños y mentiras y más mentiras. El insufrible presidente español querrá dar la imagen de que está cumpliendo con los plazos y las inversiones e intentará meter como gasto hasta las facturas de Internet de la Moncloa. No cuela. Washington se negará en rotundo, porque el tío Donald le tiene ganas.

Y mientras Sánchez se esforzará en mentir y demostrar avances que no existen, Trump tiene otro guion. A seis días de la cumbre, el presidente de Estados Unidos publicó en su red social que el apoyo americano a la OTAN es “ridículo” y que la relación no es recíproca. ¿Por qué? Porque en la guerra de Irán no pocos aliados europeos le negaron sus bases y su espacio aéreo. Y él los ha apuntado en una lista negra. Por supuesto, en esa lista estamos nosotros.

En los últimos doce meses, Trump y su vicepresidente JD Vance han amenazado con quedarse Groenlandia —territorio de Dinamarca, no olvidemos, socio de la OTAN—, ha retirado miles de soldados de Europa, ha sacado de los planes de defensa un portaaviones, cazas y drones… y tiene en marcha una revisión de toda su presencia militar en el viejo continente.

La OTAN 3.0

En Washington ya ni disimulan cuando dicen que en la Casa Blanca la palabra de moda ya no es “compartir la carga”, sino “traspasarla”. Me temo que de ahora en adelante, así será la OTAN 3.0. Lo claro es que Europa debe empezar a encargarse de su defensa convencional y a apáñenselas como puedan con la amenaza de Rusia.

Los que aún creen que el enfermo se puede salvar piden que de esta cumbre salga un plan de transición con plazos concretos: determinar quién cubrirá la frontera con Rusia, quién controlará los mares, quién se encargará de proteger las infraestructuras críticas cuando los americanos se replieguen. Europa está comprando capacidades y tiempo sin saber cuánto ejército americano quedará para integrarlas: el Pentágono ni siquiera ha publicado su revisión de despliegue global, que se esperaba para el mes de abril.

Y el resto de líderes europeos siguen a lo suyo. Giorgia Meloni —que hasta hace poco era la europea favorita de Trump— anda peleada con él hasta el punto de tener que salir a decir hace unos días que Italia “no le suplica a nadie”. El canciller Merz, más serio, jura que Alemania llegará al 3,5% en 2029 duplicando su presupuesto, después de que Trump llamara “ridícula” también a su aportación.

Starmer, el outsider

Y el Reino Unido manda a un Keir Starmer amortizado y de salida, tras perder su propio partido en casa. El inglés llega con un plan de defensa de casi 300.000 millones de libras como testamento político. Insuficiente también para Estados Unidos.

Como vemos, en los temas de dinero es donde van a saltar chispas. Y en medio de este divorcio mal llevado, Erdoğan quiere hacer su agosto aunque estemos en julio. Turquía se presentará como el segundo ejército más fuerte de la Alianza y con una industria de Defensa que, de repente, todos los europeos empiezan a mirar con interés.

Esta semana les recomiendo que no miren el comunicado oficial de la Cumbre, miren los gesto: sus caras para la foto de familia. Si Trump sonríe en la foto, Europa respirará... al menos hasta el próximo tuit. Porque está claro que desde hace algún tiempo, ésta ya no es una alianza de valores comunes, es más bien un matrimonio de conveniencia donde uno paga cada vez más para que el otro no se vaya de casa. La OTAN seguirá viva de momento. Herida de muerte, pero viva. La pregunta es ¿hasta cuándo?

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