ESdiario

opinión

La democracia no se viste

Las democracias no se cosen con hilo; se tejen con principios. Por eso resulta inquietante que, en pleno debate sobre la calidad de nuestras instituciones, se pretenda vestir la democracia con una sudadera. Porque la democracia nunca ha necesitado una marca. Ha necesitado gobernantes ejemplares

Marina Riverss y Sara Fructuosos presentan la colección DMOCRACIA

Marina Riverss y Sara Fructuosos presentan la colección DMOCRACIARedes sociales

Creado:

Actualizado:

Vivimos una época en la que la política parece competir por captar atención en un mercado dominado por la imagen, la inmediatez y las redes sociales. En ese contexto nace DMOCRACIA, una campaña institucional que utiliza la moda como vehículo para transmitir valores democráticos. La iniciativa puede ser legal y responder a una estrategia de comunicación. Sin embargo, la legalidad no agota el debate. Las decisiones públicas también deben superar el examen de la oportunidad, la ejemplaridad y la ética.

La democracia no es un producto que necesite reposicionarse en el mercado. Es un sistema de convivencia construido durante generaciones, sostenido por derechos, deberes, instituciones y ciudadanos comprometidos. Su fortaleza nunca ha dependido de un logotipo, sino de la confianza que inspira. Y esa confianza no se diseña en un estudio creativo: se construye con hechos.

Cuando una administración decide dedicar importantes recursos públicos a una campaña de comunicación, es razonable que los ciudadanos se pregunten si esa inversión responde a las necesidades más urgentes del momento. Esa pregunta no nace del rechazo a la cultura ni a la creatividad. Nace del principio de responsabilidad que debe presidir la gestión del dinero de todos.

Los valores democráticos no se transmiten por contagio estético. Se aprenden viendo que las instituciones funcionan, que la ley se aplica con igualdad, que existe transparencia, que quien gobierna rinde cuentas y que el interés general prevalece sobre cualquier otra consideración. La mejor pedagogía democrática siempre ha sido el ejemplo.

Existe además un riesgo silencioso: confundir la comunicación con la educación. Comunicar puede atraer una mirada; educar transforma una conciencia. Una campaña puede generar impacto durante unos días; una sociedad formada en valores democráticos permanece durante generaciones. Son objetivos distintos y conviene no mezclarlos.

"Cuando una democracia siente la necesidad de convertirse en una marca para conectar con sus ciudadanos, quizá el problema no sea la falta de marketing. Quizá sea la falta de confianza."

Las marcas buscan consumidores. La democracia necesita ciudadanos. Las marcas aspiran a ser tendencia. La democracia aspira a ser permanente. Las marcas cambian cada temporada. Los principios que sostienen una democracia deberían resistir el paso del tiempo.

Como ciudadana, no me preocupa que exista una colección de ropa. Me preocupa que podamos llegar a creer que los valores pueden sustituirse por símbolos, que la pedagogía puede reducirse a una campaña y que la confianza puede adquirirse mediante una estrategia de comunicación. Porque los valores no se visten. Se practican.

La democracia nunca ha necesitado una marca para ser reconocida. Ha necesitado ciudadanos libres, instituciones sólidas y gobernantes conscientes de que el mayor prestigio de una democracia no reside en cómo se presenta, sino en cómo se comporta.

tracking