Los imputados estrangulan a Sánchez
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, interviene durante una sesión plenaria en el Congreso de los Diputados.
Cada semana aparece un nombre nuevo. Los imputados socialistas son centenares. Y casi siempre esa nutrida lista pertenece al mismo lugar: el entorno de Pedro Sánchez.
El último es Juan Manuel Serrano. No era un militante cualquiera. Fue durante años el jefe de gabinete de Sánchez, uno de sus hombres de mayor confianza y la persona que conocía como pocos el funcionamiento del mandamás socialista.
Después, fue colocado al frente de Correos. Su gestión fue controvertida. Se marchó dejando pérdidas cercanas a los mil millones de euros. Eso sí, lejos de desaparecer de la escena política fue rescatado por el ministro tuitero Óscar Puente para convertirlo en director general de la empresa estatal de Infraestructuras Terrestres.
Ahora la investigación judicial sobre la trama organizada para buscar información comprometedora contra jueces, fiscales, guardias civiles y periodistas ha puesto también el foco sobre Serrano por su supuesta relación con la fontanera socialista Leire Díez. Se intercambiaron más de 9.000 mensajes de WhatsApp.
Las responsabilidades penales son siempre individuales. Si bien 127 imputados de cargos del PSOE o del Gobierno socialista es una banda organizada. Con todo, las responsabilidades políticas tienen otro alcance. Porque cuando una y otra vez los investigados pertenecen al núcleo de máxima confianza del presidente, resulta imposible separar los nombres de quien los eligió, los promocionó y confió en ellos durante años.
Esta vez, además, no hablamos de un asesor ocasional ni de un cargo intermedio. Miramos a quien fue el principal colaborador de Sánchez en una buena parte de su carrera política. Y su imputación vuelve a colocar inevitablemente al presidente en el centro de una fotografía cada vez más tóxica.
Mientras tanto, Óscar Puente continúa refugiándose en el discurso del lawfare. Es un argumento cada vez más gastado. Los jueces no nombraron a Juan Manuel Serrano director general. Tampoco lo rescataron después de su paso por Correos. Esa decisión fue exclusivamente política.
A estas alturas ya no parece un problema de casualidades. Cuando tal cúmulo de investigaciones terminan llamando a la puerta del mismo círculo de poder, lo extraordinario deja de ser la coincidencia para convertirse en el sistema. Esa es la gran sombra de la que Pedro Sánchez ya no consigue desprenderse por más que corra.
A.M. BEAUMONT