editorial
Sánchez lleva a cabo una regularización masiva que se le va de las manos: 3 millones de personas
Frente a las 500.000 regularizaciones que Moncloa calculaba inicialmente, las solicitudes han rozado el millón y medio. Por cada persona regularizada, los expertos policiales advierten que se suman, como mínimo, otras tres vía reagrupación familiar

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez,2 de julio de 2021, en el Palacio de La Moncloa, Madrid.
Pedro Sánchez ha convertido su regularización extraordinaria de inmigrantes en un proceso descontrolado que ya supera con creces todas las previsiones del Gobierno y amenaza con colapsar el sistema. Lo que se vendió como una medida limitada y “justa” se ha transformado, según los propios altos mandos de la Policía Nacional y Extranjería, en un tsunami que puede acabar afectando a tres millones de personas cuando se sumen las reagrupaciones familiares.
Las cifras son demoledoras. Frente a las 500.000 regularizaciones que Moncloa calculaba inicialmente, las solicitudes han rozado el millón y medio. Por cada persona regularizada, los expertos policiales advierten que se suman, como mínimo, otras tres vía reagrupación familiar. El resultado es una cifra que nadie en el Ejecutivo se atrevió a reconocer públicamente: hasta tres millones de nuevos residentes legales en un plazo muy breve.
Los mandos de Extranjería no han ocultado su alarma. Han alertado de que “el sistema va a quebrar” y han denunciado que el Gobierno ha apartado deliberadamente a la Policía Nacional del control efectivo de los expedientes, dejándolos en manos de funcionarios del Ministerio de Migraciones sin la formación necesaria para detectar fraudes. La voluntad política, según estos informes internos, es clara: “que entre todo el mundo”.
Las consecuencias ya están sobre la mesa.
Efecto llamada garantizado, saturación previsible de sanidad, educación y servicios sociales, y un riesgo real de que las mafias exploten las reagrupaciones con certificados falsos. El informe policial advierte además de “efectos negativos significativos” en seguridad ciudadana, orden público y confianza social en la gestión de fronteras.Sánchez presenta esta política como un éxito de integración y justicia. La realidad es que se trata de una medida ideológica tomada sin rigor técnico, ignorando las advertencias de quienes conocen el terreno y poniendo en riesgo la cohesión de España. Europa endurece sus políticas migratorias mientras el Gobierno español abre las compuertas de forma masiva y desordenada.Es hora de exigir responsabilidades. Una regularización no puede convertirse en una amnistía encubierta sin controles ni planificación. El descontrol actual no es un error: es el resultado previsible de priorizar la agenda progresista por encima del interés nacional. España merece una política migratoria seria, ordenada y que ponga primero a los españoles.