Enfoques del director
La estrategia de Sánchez a la desesperada: movilizar a la izquierda usando a Begoña Gómez y su hermano
Pedro Sánchez ha optado por una táctica de manual en momentos de máxima debilidad: convertir los escándalos judiciales de su entorno en un supuesto revulsivo electoral. El hermano del presidente, David Sánchez, ha sido condenado a nueve años de inhabilitación por prevaricación. Begoña Gómez, su esposa, ha sido procesada y se enfrenta a juicio oral por presunta malversación y tráfico de influencias. Lejos de asumir responsabilidades, el Gobierno y el PSOE presentan ambos casos como persecución política orquestada por jueces “de derechas” para derribar al Ejecutivo.
La operación de imagen es clara: se crea la falsa ilusión de que los ciudadanos de manera masiva están indignados con la Justicia que “maltrata” a Sánchez y al PSOE. “Yo con Begoña, lo dicen ya millones de españoles en la calle”, gritaba Patxi López en el Congreso, asegurando que los socialistas dirían “cada vez más alto” lo que ya corean millones. El mensaje busca activar la base de izquierdas con el victimismo clásico: “nos persiguen porque somos peligrosos para el poder”.
Para dar apariencia científica a esta ficción se recurre al barómetro del CIS. El último, publicado el 15 de julio tras trabajo de campo entre el 1 y el 6 de julio, sitúa al PSOE en el 33 % de estimación de voto frente al 25,1 % del PP. La ventaja se amplía respecto al sondeo de junio. Según el relato oficial, los casos de corrupción familiar estarían funcionando como movilizador: estaríamos, irónicamente, a dos casos de corrupción de la mayoría absoluta de Sánchez.
Es una estrategia a la desesperada. El CIS dirigido por José Félix Tezanos tiene un historial de sesgo pro-gubernamental que choca con la mayoría de encuestas privadas. Convertir condenas e imputaciones en “pruebas de que vamos ganando” es propaganda pura. El electorado de izquierdas puede reaccionar a corto plazo por tribalismo, pero la erosión de credibilidad por los escándalos en el entorno del presidente es estructural. Sánchez apuesta por polarizar hasta el límite. El problema es que la realidad judicial no se borra con eslóganes ni con sondeos a medida.