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¿Con qué mayoría gobierna Sánchez?

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Pedro Sánchez no ganó las últimas elecciones generales. El Partido Popular de Alberto Núñez Feijóo fue la fuerza más votada por los españoles. Esta es una verdad incuestionable aunque desde los cuarteles generales socialistas se tape constantemente.

Sin embargo, nuestro sistema parlamentario no elige directamente al presidente del Gobierno, sino que permite que quien consiga reunir una mayoría en el Congreso alcance La Moncloa. Sánchez lo hizo. Concediendo incluso una amnistía a los que trataron por las bravas de separarse de España. Normalizando y haciendo su gran aliado al partido proetarra de Arnaldo Otegi. Esa fue su legitimidad política para gobernar.

¿Sigue existiendo hoy esa mayoría? Los hechos apuntan a que no.

En casi tres años de legislatura el Gobierno ha sido incapaz de aprobar unos Presupuestos Generales del Estado. La ley más importante para gobernar permanece bloqueada porque los socios ya no garantizan los votos necesarios.

Hace apenas unas semanas, además, la mayoría absoluta del Congreso respaldó una iniciativa reclamando al presidente que devolviera la palabra a los españoles mediante la convocatoria de elecciones anticipadas. Y esta misma semana el Gobierno ha sufrido otro revés al no lograr sacar adelante el techo de gasto, paso imprescindible para elaborar unas nuevas cuentas públicas.

Cada votación importante confirma la misma sensación: Sánchez continúa ocupando la Presidencia, pero la mayoría parlamentaria que le permitió llegar a ella esta deshecha.

Todo ello mientras el país asiste a una sucesión de investigaciones judiciales que afectan al entorno más próximo del presidente y mantienen a la política española instalada en una vergonzosa crisis permanente.

La Constitución no obliga a convocar elecciones cuando un Gobierno pierde votaciones relevantes. Es verdad. Pero también lo es que la democracia no consiste únicamente en cumplir el mínimo legal. Gobernar exige disponer de una mayoría capaz de sostener un proyecto político.

Cuando esa mayoría desaparece, la resistencia deja de ser una virtud para convertirse en un problema institucional. Sánchez es hoy la imagen de la inestabilidad.

La pregunta por todo ello ya no es si Pedro Sánchez puede seguir gobernando. La pregunta es si, después de haber perdido el respaldo parlamentario que le llevó a La Moncloa, tiene razones políticas para seguir evitando las urnas.

A.M. BEAUMONT

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