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Fernando Martín

Presidente de la Confederación de Empresarios de Hostelería y Turismo de Aragón (CEHTA)

La hospitalidad iluminada

La excelencia no nace de la improvisación. La hostelería tiene alma, pero también necesita método, prestigio y reconocimiento.

Detrás de cada servicio hay oficio, método y dedicación.

Detrás de cada servicio hay oficio, método y dedicación.Pylyp Sukhenko / Unsplash

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Se acaba de estrenar la quinta y, al parecer, última temporada de The Bear, una serie ambientada en el mundo de la alta cocina. Resulta difícil no recordar la cena de despedida del restaurante Ever, una escena que define el concepto de hospitalidad iluminada. “Cuando logras hacer feliz a alguien, cuando creas un momento perfecto para un extraño, te estás regalando esa misma felicidad a ti mismo. No es un sacrificio; es un intercambio de alegría. Al cuidar de los demás, encuentras el propósito para cuidar de ti mismo". Estas palabras de la chef Andrea Terry condensan la esencia de nuestro oficio y reflejan el orgullo de ser hostelero.

La hostelería vive un momento decisivo. Pocas actividades han demostrado tanta capacidad para reinventarse y seguir formando parte de la vida cotidiana de la gente. Está en los barrios, en los pueblos, en los viajes, en las celebraciones familiares, en las reuniones de trabajo y en esos encuentros que terminan construyendo memoria. Pero esa presencia constante no puede ocultar una realidad: el sector necesita seguir avanzando en profesionalización, reconocimiento y prestigio.

Durante demasiado tiempo, la hostelería ha cargado con una imagen incompleta de sí misma. Se ha hablado de horarios, esfuerzo y sacrificio, pero no siempre se ha explicado con la misma fuerza su dimensión empresarial, técnica y profesional. Un bar, un restaurante, una cafetería, un hotel o una empresa de servicios hosteleros no son solo negocios que abren la puerta cada mañana. Son estructuras que gestionan equipos, compras, costes, proveedores, seguridad alimentaria, atención al cliente, digitalización, sostenibilidad, normativa y reputación. Son empresas complejas, sometidas a una enorme exigencia diaria, que crean empleo y bienestar social. 

Santiago y Pilar, toda una vida dedicada a la hostelería en El Fuelle (Zaragoza).

Santiago y Pilar, toda una vida dedicada a la hostelería en El Fuelle (Zaragoza).Victoria Peñalver

Por eso, en el debate sobre el futuro, el verdadero reto es atraer, formar y fidelizar talento. Y para lograrlo hay que poner en valor el oficio. La formación, en todos los niveles, debe estar conectada con la realidad de las empresas, con sus ritmos, sus necesidades y sus nuevas competencias. Hace falta despertar vocaciones y explicar a los jóvenes que la hostelería no es un empleo de paso, sino una profesión con recorrido, exigencia y futuro. También los empresarios tenemos una responsabilidad decisiva. Profesionalizar el sector implica mejorar la gestión, invertir en formación, ordenar procesos y asumir que la excelencia no nace de la improvisación. La hostelería tiene alma, pero necesita método.

En ese camino, el asociacionismo cumple una función esencial. Acompaña, orienta, forma, asesora y convierte problemas individuales en respuestas colectivas. Ayuda a que ningún hostelero se sienta solo ante cambios normativos, dificultades laborales o nuevos desafíos de competitividad.

Conviene recordar y reconocer lo que la hostelería aporta —empleo, economía, turismo, convivencia, identidad y vida social— y contribuir así al reconocimiento de una profesión exigente y profundamente humana.

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