la mirilla
Marlaska ha encontrado su chivo expiatorio

El ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, durante una sesión de control al Gobierno en el Congreso
Ya hay una primera víctima de la invasión de Ceuta. Pero no es un responsable político. Ni un mando operativo. Ni nadie que tuviera que explicar por qué decenas de miles de personas lograron entrar en territorio español.
La cesada es la responsable de comunicación del Departamento de Seguridad Nacional. Su “error” consistió en publicar en la web oficial del organismo, citando fuentes del Ministerio del Interior, que 49.000 inmigrantes habían accedido irregularmente a Ceuta. Horas después el mensaje desapareció. Poco después desapareció también ella de su puesto.
La escena resulta altamente reveladora. Da la impresión de que el verdadero problema no era que la frontera hubiera saltado por los aires, sino que los españoles conocieran la dimensión de lo ocurrido.
En cualquier democracia madura, una crisis de semejante magnitud obliga a pedir responsabilidades por los errores de previsión, por los fallos de coordinación y por la incapacidad para proteger una frontera nacional y europea. Aquí, de momento, la única consecuencia conocida ha recaído sobre quien informó de los hechos.
Es una forma muy peculiar de entender la rendición de cuentas. Si la realidad resulta incómoda, se elimina el mensaje. Y, si hace falta, también al mensajero.
Los ciudadanos no necesitan que les oculten los datos. Quieren que les expliquen por qué suceden las cosas y quién responde por ellas. Porque un Gobierno puede equivocarse. Lo que no debería hacer nunca es confundir la transparencia con la deslealtad.
Ceuta ha sufrido la mayor crisis migratoria de su historia reciente. La pregunta sigue siendo la misma: ¿quién asumirá la responsabilidad política por lo ocurrido? De momento, la única cabeza que ha rodado es la de quien escribió la cifra.
A.M. BEAUMONT