Las cínicas fotos de Sánchez y sus ministros en Ceuta

Fernando Grande-Marlaska con Juan José Vivas, en Ceuta
Por Ceuta han pasado estos días tantos ministros que empieza a resultar difícil recordar quién fue el último.
Pedro Sánchez, Fernando Grande-Marlaska, Sira Rego, Ángel Víctor Torres, José Manuel Albares, Margarita Robles, Mónica García y ahora Elma Saiz. Un auténtico carrusel gubernamental.
Llegan. Foto. Reunión. Declaraciones. Promesas. Y regreso a sus vacaciones.
La patata caliente va pasando de mano en mano mientras Ceuta sigue intentando recuperarse de una crisis que nunca debió alcanzar semejantes dimensiones.
El Gobierno parece empeñado en demostrar presencia cuando lo que los ciudadanos necesitan es comprobar eficacia. Porque una cosa es visitar Ceuta y otra resolver Ceuta.
Han pasado veinte días desde aquella entrada masiva y todavía hay miles de menores alojados en instalaciones improvisadas, recursos públicos con una presión extraordinaria y una ciudad obligada que convive con angustia las consecuencias de una frontera que quedó desbordada.
Mónica García llegó este domingo para explicar que el sistema sanitario está “tensionado”, pero no colapsado. Este lunes aterriza Elma Saiz para comprobar la situación humanitaria. Antes estuvieron otros ministros analizando sus respectivas parcelas.
Todos analizan. Evalúan. Coordinan. Pero Ceuta sigue esperando.
Es un carrusel ministerial diseñado por La Moncloa para convertir en normal lo que ocurrió. Un ministro hoy, otro mañana, unas declaraciones tranquilizadoras y la sensación de que el Estado está funcionando perfectamente.
No. Lo ocurrido en Ceuta no fue normal. Y la inútil respuesta posterior no se tapa con fotos de ministros allí. La política no consiste en ocupar el escenario. Se trata de resolver problemas.
Quizá por eso, después de tantos ministros, tantas reuniones, tantas fotografías y tantas declaraciones, queda una pregunta que quema. ¿Quién manda realmente en esta crisis?
La patata caliente sigue pasando de mano en mano. Y Ceuta continúa achicharrada.
A.M. BEAUMONT