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Sánchez, aterrorizado por las consecuencias de Ceuta, ordena no dar cifras y edulcorar la realidad

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Pedro Sánchez ha urdido una estrategia maquiavélica de distanciamiento y maquillaje ante la crisis migratoria de Ceuta. Mientras la ciudad autónoma se desangra con miles de migrantes aún en las calles 18 días después de la invasión de cerca de 70.000-80.000 personas a finales de julio, el presidente permanece en La Mareta (Lanzarote) como si tal cosa, de vacaciones con familia y amigos, haciendo como que trabaja por videoconferencia y enviando a sus ministros a comerse el marrón uno tras otro.

La orden es clara: no dar cifras reales y edulcorar la realidad hasta el extremo de aparentar que el Gobierno está encima de la crisis. Cada día un ministro diferente aterriza en Ceuta para contar lo que no está ocurriendo. El ejemplo más flagrante es el de Mónica García. La ministra de Sanidad tardó 17 días en presentarse, fue abucheada a gritos de “sinvergüenza”, “basura” y “dimisión”, y salió a negar el colapso sanitario. Habló de “tensiones” puntuales y “sobreesfuerzo” del personal, tachó de “alarmistas” y “xenófobos” los mensajes que vinculan la situación con riesgos de salud, y aseguró que todo está bajo control tras atender a 5.800 migrantes.

Nada que ver con lo que denuncia el Colegio de Médicos de Ceuta. Su presidente, Enrique Roviralta, lleva semanas advirtiendo de una “catástrofe asistencial”, urgencias triplicadas o cuatriplicadas, profesionales exhaustos practicando “medicina de guerra” en playas, riesgo de brotes (tuberculosis, sarna, infecciones) y necesidad urgente de hospital de campaña y refuerzos exteriores. García respondió primero por carta negando la crisis; luego en persona, con el mismo relato edulcorado.

Hoy le ha tocado el turno a Elma Saiz. La ministra de Migraciones también ha sido recibida con abucheos (“¡No haces falta aquí para nada!”) y ha anunciado 1.500 plazas temporales, como si eso bastara para ocultar el caos.

Hasta dentro del PSOE ceutí se quiebra el relato. El diputado Melchor León ha acusado al Gobierno de mentir, ha pedido la dimisión del delegado Miguel Ángel Pérez Triano y ha gritado que “primero está mi ciudad: Ceuta se desangra” y “no voy a permitir que nos sigan mintiendo”.

Sánchez se protege enviando a otros al frente mientras edulcora la verdad. Pero la realidad de Ceuta –abandono, tensión sanitaria y social– no se puede maquillar indefinidamente. La estrategia del distanciamiento y el eufemismo ya se le está volviendo en contra.