la mirilla
El país secreto que regaló valiosas joyas a Zapatero

El expresidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, y su mujer Sonsoles Espinosa, con algunas de las joyas
Las joyas de ZP siguen brillando. Eso sí: no precisamente por su transparencia.
Durante semanas, el expresidente prometió explicar el origen de las piezas valoradas en 1,3 millones de euros que fueron encontradas en la caja fuerte de su despacho.
Finalmente habló. Pero su respuesta, lejos de cerrar el asunto, ha abierto una pregunta todavía más inquietante.
Zapatero asegura ahora que las joyas fueron una “cortesía personal” de un país extranjero. No ha querido decir cuál.
Antes se había hablado de herencias familiares y de regalos recibidos durante distintos viajes. Ahora aparece un Estado misterioso capaz de obsequiar a un expresidente español con collares, pulseras, anillos y relojes valorados en una fortuna.
No estamos ante una caja de bombones ni una bandeja conmemorativa. Hablamos de 1,3 millones de euros. Si bien el juez incluso considera que esa primera valoración se ha quedado corta y aún tienen más valor.
Zapatero tiene derecho a defender su inocencia y será la Justicia la que determine si existe alguna responsabilidad penal. Pero la cuestión política resulta inevitable. Quien fue presidente del Gobierno no puede pretender que un regalo de semejante valor permanezca envuelto en el secreto.
¿Qué país se lo entregó? ¿Cuándo? ¿Por qué motivo? ¿Fue declarado? ¿Qué esperaba obtener quien realizó semejante muestra de “cortesía”? ¿Puede un antiguo jefe de Gobierno aceptar un obsequio de esa magnitud y guardarlo durante años sin ofrecer una explicación pública completa? Son preguntas elementales.
Lo sorprendente es el silencio del PSOE y de La Moncloa. Quienes convirtieron la transparencia en una palabra de uso permanente parecen haber perdido repentinamente la curiosidad. Nadie pregunta. Ninguno quiere saber qué Gobierno extranjero consideró oportuno entregar una fortuna en joyas a uno de los principales referentes socialistas.
Zapatero pretendía apagar el escándalo con una explicación. Ha conseguido lo contrario. Antes desconocíamos el origen de las joyas. Ahora sabemos que proceden de un país, pero no podemos conocer su nombre. Otro secreto más de nuestra rara política exterior.
El misterio ya no está solo dentro de una caja fuerte. Se ha instalado en la política española. Y el silencio también tiene quilates.
A.M. BEAUMONT