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Sánchez pillado de vacaciones otra vez: abuso de poder y falta de decencia

El presidente disfrutó del descanso estival más largo de un jefe del Ejecutivo en 32 años: 27 días ininterrumpidos en La Mareta,y a las 48 horas pretendía volver a irse

Pedro Sánchez en Andorra

Pedro Sánchez en Andorra

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Hay gestos que no se pueden maquillar. Mientras Ceuta sigue desbordada un mes después de la entrada masiva de cerca de 80.000 inmigrantes, Pedro Sánchez ha vuelto a ser pillado organizando el colofón de sus vacaciones: un viaje privado a Andorra, con Begoña Gómez, en un hotel de cinco estrellas de 500 a 2.000 euros la noche. Las habitaciones estaban reservadas desde hacía semanas. Es decir, cuando la ciudad autónoma ya ardía y el Gobierno improvisaba.

No es un detalle menor. El presidente disfrutó del descanso estival más largo de un jefe del Ejecutivo en 32 años: 27 días ininterrumpidos en La Mareta, con apenas dos videoconferencias y una visita relámpago a Ceuta el 31 de julio, justo antes de desaparecer. Regresó, montó un mando único que tardó minutos en crujir, y a las 48 horas pretendía volver a irse. Solo la exclusiva de ABC y el cabreo político —incluido el de barones del PSOE como García-Page— le obligaron a recular. Según fuentes de Moncloa, el presidente está “muy molesto” porque le han alterado los planes. El país, en cambio, lleva un mes alterado por su ausencia.

Eso no es descanso. Es una concepción del poder: primero el presidente, después España. Quiso comparecer el 9 de septiembre; la presión le ha adelantado al 3. Llega tarde. Un mandatario que reserva lujo mientras miles de menores y jóvenes sin control recorren Ceuta, y que se enfada cuando le descubren, no peca de imprudencia. Pecado de decencia.

El PSOE grita que “ya está bien de memeces”. No. Lo indecente es tratar la soberanía y la seguridad como un fastidio vacacional. Sánchez no ha estado a la altura porque, simplemente, no ha estado. Y cuando ha vuelto, su primer instinto ha sido escaparse otra vez. Eso no es gobernar. Es abusar del cargo.

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