la mirilla
Ketty Garat agua la fiesta a Sánchez y Puente ladra

La periodista Ketty Garat
Pedro Sánchez quería marcharse unos días a Andorra después de pasar veintiséis días de vacaciones en el palacio de La Mareta. Había regresado fugazmente a Madrid, improvisado un mando único para afrontar la crisis de Ceuta y comenzado a preparar de nuevo las maletas.
Ketty Garat contó sus planes. La escapada se hizo pública y el presidente tuvo que cancelarla. Hasta ahí, periodismo. Una información relevante sobre la agenda del jefe del Gobierno en mitad de una grave crisis nacional. Entonces apareció Óscar Puente.
El ministro de Transportes reaccionó como acostumbra cuando una noticia incomoda a La Moncloa: descalificando e insultando a la periodista. No trató de explicar si Sánchez pensaba viajar a Andorra, por qué consideraba oportuno hacerlo en estos momentos o qué responsabilidades iba a asumir ante lo ocurrido en Ceuta. Nada de eso. La culpa era de quien lo había contado.
En el sanchismo siempre se dispara al mensajero. Los problemas no los provoca el presidente cuando desaparece durante casi un mes o cuando decide prolongar sus vacaciones mientras una ciudad española vive desbordada. Los causa el periodista que osa contarlo.
Puente ejerce desde hace tiempo como mamporrero oficial del Gobierno. Cuando faltan argumentos, aporta insultos. Cuando sobran preguntas, reparte descalificaciones. Y cuando una información deja en mal lugar a Sánchez, monta una gresca en las redes sociales para intentar desviar la atención.
No es la primera vez que señala a Ketty Garat. La Asociación de la Prensa de Madrid ya tuvo que concederle amparo por los ataques del ministro. Aquella advertencia, por lo visto, no sirvió de mucho. Puente continúa confundiendo un Ministerio con una trinchera y su cuenta oficial con la barra de una taberna.
Lo verdaderamente revelador de este episodio no es que una periodista haya fastidiado unas vacaciones. Es que Sánchez considerase normal marcharse nuevamente mientras Ceuta esperaba respuestas y el Congreso adelantaba su comparecencia para obligarle a explicar lo ocurrido.
Ketty Garat no le estropeó el viaje al presidente. Solo permitió que los españoles supieran lo que pensaba hacer. Eso es lo que realmente ha desquiciado a Óscar Puente.
A.M. BEAUMONT