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Joaquín Molinero

Director de la Cámara de Comercio de Ceuta

Una ciudad también se sostiene detrás de cada persiana

Dos vecinos de Ceuta observan desde su ventana una concentración de embarcaciones y motos en apoyo al pueblo ceutí, a 30 de agosto de 2026, en Ceuta

Dos vecinos de Ceuta observan desde su ventana una concentración de embarcaciones y motos en apoyo al pueblo ceutí, a 30 de agosto de 2026, en CeutaMarcos Moreno / Europa Press

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Cuando hablamos de empresas, casi siempre pensamos en puestos de trabajo, facturación o impuestos. Y, por supuesto, todo eso es importante. Pero detrás de cada negocio hay mucho más que eso. Hay vida.

Pensemos en nuestro día a día. En el café que tomamos antes de trabajar, en la tienda a la que acudimos cuando necesitamos algo, en la peluquería o el gimnasio. En el restaurante donde nos reunimos con los amigos o en el bar donde nos tomamos una caña. Pensemos en ese paseo por el centro, aunque no tengamos previsto comprar nada, o en la posibilidad de elegir dónde celebrar una comida familiar. Todo eso forma parte de nuestra calidad de vida. Son pequeños gestos cotidianos que damos por hechos hasta que empiezan a desaparecer.

Una ciudad no es únicamente un conjunto de viviendas, oficinas y edificios públicos. Tampoco basta con que tenga colegios, hospitales y carreteras. Necesita calles con actividad, comercios abiertos, lugares de encuentro y servicios que aporten la calidad de vida que demandamos los que vivimos en ella. Cuando un negocio cierra perdemos también un lugar al que acudíamos, un servicio que utilizábamos y una parte de nuestra vida cotidiana. La calle queda un poco más vacía, el barrio pierde vida y la ciudad ofrece una razón menos para disfrutarla.

Manifestación en Ceuta

Manifestación en CeutaMarcos Moreno / Europa Press

Si ese proceso se repite, el daño termina siendo mucho mayor de lo que refleja cualquier estadística. Una ciudad sin comercio, hostelería y servicios suficientes puede acabar convirtiéndose en una ciudad dormitorio o en un lugar donde se vive porque te toca, pero del que estás deseando irte a la menor oportunidad. Cuando dejamos de disfrutar de nuestra ciudad, empiezan a desaparecer también las ganas de quedarse.

En Ceuta debemos ser especialmente conscientes de este riesgo. Nuestra situación geográfica hace que la pérdida de cualquier negocio se note de una manera distinta. Cuando algo desaparece, dejamos de tenerlo en Ceuta. Cada servicio que perdemos hace nuestra vida un poco más limitada y nuestra ciudad menos atractiva.

Además, nuestro tejido empresarial está formado mayoritariamente por autónomos, pequeñas empresas y negocios familiares. Detrás de las persianas no hay grandes empresas con capacidad para soportar meses de pérdidas. Hay personas que arriesgaron sus ahorros, familias que dependen de esa actividad y años de esfuerzo para mantener abierto el negocio.

La invasión que sufrió Ceuta el 30 de julio ha generado una crisis económica que se está cebando de forma especial con estos negocios. Los más de 33 millones de euros de pérdidas calculados por la Cámara de Comercio muestran la magnitud del daño. Pero esa cifra tampoco cuenta toda la historia.

No cuenta las nóminas que hay que seguir pagando, los alquileres, los proveedores ni la preocupación de quien ve caer sus ingresos mientras los gastos siguen llegando. Tampoco podemos entender lo sucedido como un episodio aislado. Las empresas ceutíes ya habían soportado el cierre de la frontera en 2019, la pandemia de la COVID-19 en 2020 y la crisis migratoria de 2021.

Varias personas presencian una concentración de embarcaciones y motos en apoyo al pueblo ceutí

Varias personas presencian una concentración de embarcaciones y motos en apoyo al pueblo ceutíMarcos Moreno / Europa Press

A pesar de esas dificultades, Ceuta había conseguido recuperarse. Durante los últimos cinco años se había impulsado un cambio de modelo económico que empezaba a dar resultados. La ciudad estaba atrayendo empresas tecnológicas, creando empleo y abriendo oportunidades en nuevos sectores.

También estábamos cambiando la imagen de Ceuta. El turismo avanzaba, aumentaban las visitas y nuestra ciudad comenzaba a despertar un interés diferente. Al mismo tiempo, se empezaba a hablar de Ceuta como un posible hub tecnológico y como un lugar atractivo para la implantación de empresas digitales.

No eran dos realidades separadas. Quienes vienen a Ceuta para trabajar, invertir o hacer turismo comen en nuestros restaurantes, compran en nuestros comercios y utilizan nuestros servicios. La llegada de nuevas empresas y visitantes acaba beneficiando también a los negocios de toda la vida.

La invasión ha llegado precisamente cuando comenzábamos a recoger los frutos de ese esfuerzo. Después de un mes entero con una caída muy importante de la actividad, el problema ya no es solo cuánto se ha dejado de ingresar, es lo que puede venir ahora: cierres, pérdida de empleo y un retroceso en un camino que ha costado años construir.

Defender a nuestras empresas no es una petición que beneficie únicamente a los empresarios. Es una defensa del interés general de Ceuta. Necesitamos una ciudad capaz de atraer profesionales, funcionarios, militares, docentes, jueces, empresas e inversiones. Pero necesitamos, sobre todo, que quienes ya viven aquí quieran quedarse.

Y debemos conseguir que nuestros jóvenes puedan imaginar su futuro en Ceuta. Esa decisión no depende únicamente de conseguir un empleo o una vivienda. También depende de poder salir, encontrarse con los amigos, practicar deporte, comprar, disfrutar del tiempo libre y sentirse parte de una ciudad que les permite vivir como desean.

El futuro de Ceuta se juega tanto en nuestra capacidad para atraer como en nuestra capacidad para evitar que nuestra gente se vaya. Detrás de cada comercio, cada cafetería, cada peluquería y cada pequeña empresa hay actividad económica, pero también calidad de vida y razones para quedarse.

Cuidar nuestro tejido empresarial no consiste únicamente en salvar empresas. Consiste en conseguir que Ceuta siga siendo una ciudad en la que merezca la pena vivir.

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