la mirilla
Sánchez, atrincherado, niega la voz a los españoles

Pedro Sánchez en Mañanero 360 de TVE
España debe hablar. Este Gobierno tiene que dejar de inventarse excusas y devolver la palabra a los ciudadanos. Nuestro país ha llegado a ese punto. Necesitamos elecciones.
Pedro Sánchez preside un Consejo de Ministros desbordado. La grave crisis exterior ha radiografiado su incapacidad. No ha logrado aprobar unos Presupuestos durante toda la legislatura. Está sin mayoría parlamentaria y es derrotado una y otra vez en el Congreso. El Supremo acaba de tumbar la Ley de Nietos, por ser un potencial artefacto de ingeniería electoral gracias a una normativa que no pasó por las Cortes. El informe PISA ha retratado el fracaso de nuestro sistema educativo tras aprobar este Gabinete su ideológica LOMLOE, conocida como ley Celá. Y, para mayor indignidad, los oscuros pactos con Bildu, siempre negados por Sánchez, se traducen ahora en la liberación fraudulenta de sanguinarios asesinos múltiples que no han mostrado arrepentimiento. Este es el balance de una legislatura agotada.
Ceuta ha dejado desnudo a Sánchez. Sus ministros no han sido capaces de ofrecer una explicación coherente sobre la invasión marroquí. Han negado hechos, se han contradicho públicamente y han descrito una realidad que nada tiene que ver con la que sufren los ceutíes. En definitiva, todo ha sido un suma y sigue de mentiras. Y mientras Rabat intenta intimidar a la oposición española, La Moncloa calla sumisa ante Mohamed VI. Un silencio tan inexplicable como humillante.
El presidente vive refugiado en un relato que no contempla la realidad. Nunca es responsable de nada. Se manipulan los hechos, se señala culpables y se construye enemigos. Todo es impostura, propaganda y cercenar instituciones independientes críticas con el poder de Sánchez.
España no puede continuar así. Ocho años de sanchismo son una herencia insoportable: una crisis de vivienda inmoral, clases medias empobrecidas y asfixiadas por impuestos imposibles, más de tres millones de parados camuflados mediante malabarismos contables, una deuda pública disparada, infraestructuras deterioradas y unas instituciones colonizadas por el Gobierno.
El daño sin duda es grave. Sánchez ha convertido la excepcionalidad en costumbre y la mentira en método de gobierno. Ha buscado todas las grietas de la ley para mantenerse en el poder, aunque para ello tuviera que deteriorar la democracia.
Un Gobierno tan severamente contestado en las calles, sin presupuestos, sin mayoría parlamentaria, sin credibilidad y sin rumbo ya no puede seguir secuestrando el futuro del país.
Que deje de hablar Sánchez. Ha llegado la hora de que hable España.
A.M. BEAUMONT