¿Para qué vale el rey?

El rey Felipe VI, la infanta Sofía (i) y la reina Letizia (d), durante la entrega de Reales Despachos de Empleo, en la Academia General del Aire y del Espacio.
30 de julio de 2026. Decenas de miles de personas cruzan en dos días la frontera de Ceuta. Es decir, invaden ilegalmente el territorio español. La ciudad, evidentemente, queda desbordada y los españoles atónitos ante la inacción de nuestras autoridades. Pasan los días. Mientras el país se ahoga entre escándalos de corrupción, Sánchez y su gobierno cautivo, sigue paralizado, se muestra incapaz… y buena parte de los españoles, tanto de izquierdas y como de derechas, empiezan a mirar hacia arriba y se preguntan: "Perfecto, tenemos un gobierno incapaz pero ¿para qué está el rey si tampoco hace nada? O aparenta no hacer nada. No puede hablar, ni mojarse, ni viajar, ni tomar ningún tipo de acción… ¿no es mejor ahorrarse ese dinero?".
Yo mismo me la hice la pregunta de si el rey Felipe estaba haciendo todo lo que está en su mano en una crisis institucional y de soberanía tan grande… y comencé a responderme esa pregunta con información. Toda posible respuesta amparada a la legalidad me llevaba a la Constitución, que estudié en sus artículos y quiero compartir con los lectores de EsDiario.
Primero es importante aclarar, para algún despistado o indepe, que España es una monarquía parlamentaria. Lo dice el artículo 1.3 de la carta magna. Y arrastra un principio del siglo XIX: el Rey reina, pero no gobierna.
Dirigir el país —la política interior, la exterior, la seguridad— no es responsabilidad. Es del Gobierno, y lo fija el artículo 97 sin ambigüedad. Es la línea roja que el Rey no puede cruzar ni queriendo. El Jefe del Estado es “símbolo de su unidad y permanencia”, y una función que suena a mucho, pero que es menos de lo que parece: “arbitra y modera el funcionamiento regular de las instituciones”. Arbitrar y moderar no es mandar: es representar, estar ahí.
Además, es la máxima representación de España en el exterior. Y el mismo artículo suelta dos perlas: su persona es “inviolable y no está sujeta a responsabilidad”; y todos sus actos han de ir refrendados. Sin ese refrendo, dice la Constitución, “carecen de validez”. Ahí está el truco de magia. Vamos a destaparlo.
El refrendo es el mecanismo reflejado en el Artículo 64. Cada acto oficial del Rey tiene que ir firmado —refrendado— por el presidente del Gobierno o por un ministro. Es decir, el Rey pone la firma, el Gobierno pone la voluntad… y también la culpa. Por eso los juristas llaman a sus funciones “actos debidos”: actos que está obligado a ejecutar, no a elegir. El Rey no decide. Solo ratifica.
Y esta es una de las claves. ¿Puede el rey negarse a firmar una ley? La respuesta es clara: NO, abriría una crisis institucional por la que podría acabar inhabilitado u obligado a abdicar. Rizando el rizo, acogiéndose al artículo 61 que dice que debe guardar y hacer guardar la Constitución, podría a negarse a firmar un golpe de estado, algo parecido a lo que hizo su padre, el rey Juan Carlos en 1981. Nada más.
¿Entonces qué es lo que la Constitución le deja hacer? Sobre el papel, los artículos 62 y 63 impresionan: dicen que sanciona las leyes, convoca y disuelve las Cortes, propone y nombra presidente, ejerce el indulto, ostenta el “mando supremo” de las Fuerzas Armadas, acredita embajadores o firmar tratados.
Suena a que tiene mucho poder ejecutivo. Pero la verdad es que no. Si miramos la letra pequeña: no puede sancionar una ley que el Parlamento no haya aprobado, ni nombrar a un presidente que el Congreso no haya investido, ni mandar de verdad en un cuartel. Todo lo que parece poder… nuevamente es estampar la firma.
¿Entonces tiene algún margen propio? Sí, uno, y es invisible. En su despacho. Puede convocar al presidente de gobierno. En esos encuentros el rey tiene derecho a ser informado, a aconsejar, a alentar y a advertir. Puede incomodar, puede prevenir, puede influir. Pero en privado, nunca con luz y taquígrafos, ante un cámara o en RRSS.
Volviendo a la crisis de Ceuta, que es lo que ha inspirado esta columna. Como dije al principio, entre el 30 y 31 de julio unas 80.000 personas entraron desde Marruecos. Prácticamente todo el mundo menos el gobierno habla de un acto orquestado por Rabat para desestabilizar a España; Sánchez y sus ministros lo niegan.
Vecinos encerrados, una treintena de mujeres agredidas sexualmente, una ciudad al límite, arruinada en plena temporada de vacaciones. Y otra vez la pregunta: ¿dónde está el rey? Aparentemente, callado. Pero “aparentemente” es la palabra.
En este punto me quiero detener y analizar punto por punto que ha hecho Casa Real en este mes y medio de crisis:
- Primero: el 1 de agosto, a las pocas horas de la invasión, Casa Real difundió un comunicado en el que Rey expresaba su “gran preocupación e indignación”, calificó los hechos de “graves” y recordó que corresponde al Estado velar por la seguridad de Ceuta y Melilla. En ese mismo comunicado informó de que había hablado con Pedro Sánchez, con los presidentes de Ceuta y Melilla y también con Núñez Feijóo, el líder de la oposición.
- Segundo: el 6 de agosto recibió en audiencia al presidente de Ceuta, Juan Vivas, y le trasladó su intención de visitar la ciudad cuando fuera posible… ese cuando fuera posible se traduce en cuando le deje el gobierno.
- Tercero: a comienzos de mes, el 2 de septiembre, en el Día de Ceuta, llamó al presidente Vivas y le trasladó un mensaje público en el que la Corona apoyaba a los ceutíes y reafirmaba la unidad de la ciudad dentro de España.
- Cuatro: por esos días despachó tres horas con Pedro Sánchez en Zarzuela, en un encuentro que, según informaciones de prensa, dejó entrever roces importantes entre ambas instituciones.
- Cinco: El 7 de septiembre se reunió con la ministra de Defensa y toda la cúpula militar, incluido el comandante general de Ceuta, para conocer la situación desde el punto de vista de la defensa. La reunión dejó al final una foto simbólica de Felipe VI vestido de militar junto a todos los generales y a la ministra de Defensa, que ya había desautorizado al ministro Marlaska y a buena parte del gobierno con la polémica de las alertas.
Entonces, y después de analizar los hechos, no es que no haya hecho “nada”. Ha hecho lo poco que puede hacer. Otra cosa es que las competencias del rey sean limitadas porque los españoles que votaron la constitución de 1977 así lo quisieron.
Con la lista con la ley en la mano. Reunirse con los militares es su derecho a ser informado: artículo 62, apartado g. Expresar “indignación” se acoge al artículo 56: un símbolo, nada de gestión. Algunos le piden (pedimos) que debería haber visitado Ceuta, aunque sea como imagen simbólica. Lo cierto es que la coordinación de la visita a Ceuta sin el respaldo de la Moncloa carecería de validez. Todo lo que ha hecho en este mes es legal, pero bordeando la interpretación que se podría dar teniendo en cuenta el cariz político de la crisis.
Reitero. Visto así, el rey hizo absolutamente todo lo que podía hacer… incluso forzando un poco. Lo que sucede es que todo lo que puede hacer se reduce a informar, simbolizar y acompañar. No puede cerrar una frontera, ni negociar con Marruecos, ni ordenar un despliegue. No es su competencia ni responsabilidad. Algunos se estarán preguntando, y con razón, ¿Y por qué en 2017 sí habló cuando Puigdemont declaró la independencia de Cataluña por unos segundos?
Es cierto, lo que pasa es que aquel discurso no fue un acto en solitario: estaba pactado con el Gobierno de Mariano Rajoy, tras reunirse con el presidente y hablar con el propio Sánchez que era jefe de la oposición y ese momento se oponía al pulso de los indepes. En ese caso, hubo un respaldo del Ejecutivo, que además, como era un ataque al orden constitucional y a la unidad de la nación, al Gobierno le vino bien que hablara porque peligraba el marco mismo.
Ahora con Ceuta la situación es diametralmente distinta. El rey calla porque el gobierno no le autoriza, porque el ejecutivo esconde un chantaje de Marruecos que nadie comprende. Porque Sánchez y su banda de secuaces muestran una sumisión sorprendente hacia el vecino del sur.
Un detalle no menor es que en el comunicado de Casa Real del 1 de agosto habló del “Estado” en abstracto, nunca del “Gobierno” ni de un ministro. No por cobardía, sino para no saltarse la ley. Fue un llamado de atención para quien quiera entender. Política para el que entienda… así como la foto con la cúpula militar. No le correspondía hacerla, pero la hizo, porque quería mandar un mensaje. Casi todo lo que la gente confunde con inacción es, en realidad, el techo de sus competencias. Lo que parece “no hacer nada” es “no poder hacer nada más”.
Y aquí quiero ir terminando con otra pregunta clave. Dado que mucha gente se frustra porque el rey puede hacer poco ¿preferiríamos a un rey con un papel más activo, con más competencias? ¿Con más poder real del que tiene? Ese es un debate bien interesante. Que el Rey no pueda casi nada no es un fallo del sistema: es su seguro para no entrar en conflictos inter institucionales graves que pudiera llevar a una caos en la gobernabilidad.
Entiendo que si la disyuntiva está entre Felipe VI o el traidor e inmoral de Pedro Sánchez, ganaría por goleada la monarquía. Voy a más… un dirigente más digno que Pedro Sánchez sería hasta Ronald McDonalds, la bruja avería o el espantapájaros de el Mago de Oz. Cualquiera es mejor que Sánchez, no hay que irse a comparaciones de realeza. Pero ese es otro tema…
La institución monárquica va mucho más allá del momento puntual de Felipe VI o de un presidente tan atípico, como repudiado por una mayoría de los ciudadanos como es el esposo de la doblemente imputada Begoña Gómez. Por eso el rey no puede poner en riesgo la institución con actuaciones por fuera de la Ley que provoquen a un tirano como Sánchez, capaz de todo, incluso de instaurar una república.
Chismógrafo
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David Lozano