editorial
Sánchez pierde el norte con su solución para Ceuta: hasta Navidad para realojar a 10.000 inmigrantes
La cifra dobla la que el propio presidente dio en la cadena SER el pasado 31 de agosto: “en torno a 5.000”, dijo entonces. Si miente con la cifra, es muy difícil pensar que no lo haga con todo lo demás

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, comparece en el Congreso de los Diputados
Pedro Sánchez compareció este lunes en El Intermedio de La Sexta y escondido en buenas palabras le anunció a los ceutíes el futuro que les espera: Ceuta va a ser una gran CETI, un gran centro de alojamiento de inmigrantes. En otra entrevista lo bautizó como la "nueva realidad estructural". Casi mes y medio después de la entrada masiva de decenas de miles de inmigrantes el 30 y 31 de julio, el presidente anunció que el objetivo es “rozar las 10.000 plazas de acogida activas” y que la crisis debería estabilizarse “antes de final de año”. Es decir, hasta Navidad.
La cifra dobla la que el propio presidente dio en la cadena SER el pasado 31 de agosto: “en torno a 5.000”, dijo entonces. Si miente con la cifra, es muy difícil pensar que no lo haga con todo lo demás. Sánchez explicó el procedimiento: primero hay que sacar a todos de las playas y los asentamientos improvisados, identificarlos, hacer el triaje y luego tramitar asilo o devolución. “Eso exige un tiempo”, dijo. Un tiempo que Ceuta, ciudad de poco más de 80.000 habitantes, lleva pagando desde agosto con calles ocupadas, servicios tensionados y una convivencia cada vez más frágil. Un tiempo que Sánchez desperdició en La Mareta tumbado al sol durante 3 semanas con Ceuta invadida. Tardó 26 días en convocar el Consejo de Seguridad Nacional y nombrar un mando único el pasado 25 de agosto.
El presidente insistió en que unas 200 personas regresan voluntariamente cada día a Marruecos y presumió de haber activado ya más de 6.000 plazas esta semana, partiendo de las 500 que había antes de la crisis. Pero el horizonte que ofrece es el de una gestión administrativa lenta, no el de una solución política o de frontera. Mientras tanto, defiende a Rabat: “No diría que Marruecos tuvo una actitud pasiva, ellos nos alertaron”. Niega el chantaje y pide no contaminar el debate con “bulos”.
Esa es la contradicción. Sánchez pide a los ceutíes que aguanten hasta Navidad una situación que el propio Ejecutivo aún no ha sido capaz o no ha querido dimensionar con realismo. Habla de crisis humanitaria y de Estado de Derecho —correcto en el procedimiento individualizado—, pero elude la pregunta de fondo: por qué una ciudad española sigue convertida en un limbo migratorio semanas después de lo que él mismo calificó de ataque a la integridad territorial.
Realojar a 10.000 personas no es un plan de choque. Es una prórroga. Y Ceuta no puede seguir esperando a que el calendario político de Moncloa coincida con el de sus habitantes. Sánchez no ha perdido solo el norte geográfico. Ha perdido el sentido de la vergüenza si es que alguna vez lo tuvo.