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Feijóo o Abascal: el dilema a la derecha

El presidente de Vox, Santiago Abascal (i), y el presidente del PP, Alberto Núñez Feijóo (d)

El presidente de Vox, Santiago Abascal (i), y el presidente del PP, Alberto Núñez Feijóo (d)Europa Press

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Hay españoles que quieren votar al PP y, sin embargo, se lo piensan cada día. No tienen dudas de que a Pedro Sánchez hay que sacarlo de La Moncloa. No es eso. Desconfían de lo que llegará después.

Recuerdan a Rajoy. Esa mayoría absoluta, las promesas y la sensación, pasado el tiempo, de que algunas de las cosas que se prometieron cambiar seguían donde estaban. Por eso miran a Vox. Es natural creer que su presencia puede obligar a un futuro Gobierno popular a mantener sus compromisos. Desde luego a mí no me parece una ocurrencia extravagante.

Ahí está el dilema. El PP ofrece la posibilidad de asentar una alternativa que reúna a más españoles. Pero Vox ofrece a buena parte de esos mismos votantes la seguridad, o la esperanza, de que esa alternativa no rebaje sus compromisos en cuanto llegue al poder.

Los dos partidos deberían tomarse en serio la duda, en lugar de reprocharla a quien la tiene. Feijóo no puede pedir un cheque en blanco amparándose en todo lo que ha destrozado Sánchez. Tendrá que decir qué piensa cambiar, qué leyes piensa modificar y qué decisiones no está dispuesto a aplazar. Y hacerlo con suficiente claridad para que nadie descubra después que el cambio consistía únicamente en cambiar de presidente.

Abascal, por su parte, tiene que demostrar que puede convertir los votos en resultados. Exigir es fácil cuando se está en la oposición. Pactar, sostener un gobierno y responder por lo que se va haciendo exige mucho más que alzar la voz.

El tema no se resuelve llamando maricomplejines al votante del PP ni radical al de Vox. Ambos pueden querer exactamente lo mismo: poner fin a Sánchez y evitar que el sanchismo sobreviva a su adiós. En el camino es donde están las diferencias.

Y dejar la responsabilidad de despejarlo al elector no parece la mejor de las ideas. Los que piden el voto deben ser los que mayor esfuerzo hagan. Porque echar a Sánchez es el comienzo. ¿Y al día siguiente?

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