A ver si el del doble va a ser Mourinho y no Vinicius...

José Mourinho. O su doble. Cualquier sabe
En este macroparón de selecciones convendrán ustedes que nos hemos reído, y bastante, con las teorías de la conspiración lanzadas por redes sociales brasileñas sobre el doble de Vinicius. Ya saben: el jugador habría sido asesinado en Brasil el pasado verano y reemplazado por un doble para que los que le rodean puedan seguir cobrando sus contratos. Aspecto físico, tatuajes, el mal juego del futbolista en este arranque de temporada... Todo ha sido analizado por los conspiranoicos para mantener la teoría,
Pero lo mismo el madridismo debería comenzar a preocuparse por otro doble: el de José Mourinho. Convendrán ustedes, no creo que haya nadie que circule en dirección contraria, que este Mou es mucho menos Mou que el de su primera etapa en el banquillo blanco. No solo porque sea más calmado, cosas de la edad supongo aunque a mí cumplir años me desate el mal café, sino porque hasta en su discurso este portugués de Setúbal que se sienta en el banquillo del Real Madrid parece otro.
La rueda de Prensa previa al partido ante el Villarreal ha sido una apología del esperpento. Ha culpado a la Prensa de organizar una pitada contra Mbappé ante el Submarino. Montar en bici ya no está tan prohibido ni señala a los malos profesionales (algo que él mismo dijo en una entrevista hace dos semanas), ir de discotecas durante la madrugada está permitido si es un evento (¿las sesiones de DJ's son eventos? ¿Solo las semanas de la moda? ¿Se puede ir a una exhibición de strippers o a una cata ilimitada de vodka?) y eso, los que nos dedicamos a juntar letras somos el mal. No le falta razón, pero no por eso.
Y el aficionado madridista, según se desprende de sus palabras, es un borrego influenciable que siente devoción por lo que contamos desde los medios (esa cosa tan burda que se llama 'información') en vez de proteger a su club. Curiosamente, Mourinho ha olvidado el motivo real de la irritación que el socio madridista siente hacia Mbappé ahora mismo.
Porque al socio madridista le trae al pairo que Mbappé vaya de discotecas, monte en bici, haga el pino-puente en el salón de casa o se tiña las axilas de rosa fúcsia. Eso le podrá molestar más o menos. Pero lo que realmente le tiene más caliente que el machete de Sandokán se reduce a una ciudad y a una camiseta a medio poner: Ceuta.
Ni una palabra dedicó Mourinho a tratar de exculpar a Mbappé (ni a Vinicius ni a Konaté, que el madridista no es tan desmemoriado) por su feo a la Ciudad Autónoma víctima de la invasión. Ni una. Es obvio, no hay defensa posible. Y si se ha olvidado, la cosa es aún peor: Mourinho no sabrá ni de qué país es el equipo para el que trabaja ni habrá entendido qué sucedió y por qué todo el Santiago Bernabéu enarboló banderas ceutíes. A ver si el del doble va a ser él...