ENFOQUES DEL DIRECTOR
Sánchez agita la violencia contra Ayuso: la izquierda predica el amor, pero amenaza con el caos

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y su esposa Begoña Gómez durante el Comité Federal del PSOE.
Este fin de semana Pedro Sánchez convirtió el Comité Federal del PSOE en un teatrillo sentimental. Tras proclamarse candidato por unanimidad en Fuenlabrada, subió al escenario, miró a Begoña Gómez —que se sienta en el banquillo por presuntos delitos de malversación y tráfico de influencias— y soltó un “que lo escuchen alto y claro: te quiero”. Hubo beso, lágrimas, ovación y el inevitable “¡qué bonito!”. El mismo hombre que lleva años bajo el escrutinio judicial por el entorno de su mujer se presentó como el enamorado ejemplar, el marido que no se deja quebrar.
Mientras tanto, esta mañana en Madrid la calle contaba otra historia. Manifestantes del sector educativo cortaron la vía de servicio de la A-3 a la altura de Moratalaz con pupitres, generando atascos kilométricos. Después llegó el escrache a la consejera de Educación en Vallecas y, minutos más tarde, el propio contra Isabel Díaz Ayuso a las puertas del palacete de Huertas donde participaba en un acto.
La policía tuvo que intervenir con cargas para despejar la salida. Ayuso lo resumió sin rodeos: estrategia coordinada de “acoso y chantaje” para paralizar a su Gobierno, ausencia de refuerzos policiales y una “izquierda antidemocrática” que no acepta resultados electorales. “Quiero saber por qué no hay policía”, exigió, y avisó de que su Ejecutivo no va a vivir ni bajo el miedo ni bajo el chantaje.
El contraste es obsceno. El mismo Sánchez que predica el amor en Fuenlabrada es a quien Ayuso señala como responsable del clima de crispación y de la falta de control en las calles de Madrid. Mientras él se exhibe como el esposo leal, su entorno y sus aliados azuzan la movilización permanente, los cortes y los escraches contra la presidenta madrileña. No es casualidad que esto ocurra en plena precampaña del 29-N y cuando la Comunidad de Madrid se ha convertido en el principal contrapoder.
Sánchez puede seguir diciendo “te quiero” en los mítines. Lo que no puede es pretender que nadie se dé cuenta de que, al mismo tiempo, se agita la violencia contra quien le discute el poder en la calle. Predica el amor, pero amenaza con sembrar el caos. Y Ayuso, por ahora, no se deja intimidar.
España
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Enrique Martínez Olmos