la mirilla
Sánchez se queda sin delegado pero mira a Lula
Francisco Martín Aguirre con Pedro Sánchez.
Lula ha ganado. Y Pedro Sánchez se agarra a esa victoria como a un clavo ardiendo. “Lo que ha pasado en Brasil, pasará en España”, anuncia el mandamás socialista. Cuanto más le cuesta encontrar alegrías en casa, más hay que celebrar las del vecino. El presidente desea activar a los suyos. Y tiene pocas zanahorias para poner en la punta de su palo.
Y mientras se le salen los ojos con Brasil, al lado de La Moncloa, en Madrid, dimite Francisco Martín. El delegado del Gobierno salta del barco después de quedarse fuera de las listas del PSOE. Dice que no se dan las condiciones para continuar. Si no hay escaño, no quiere representar al Gobierno. Los ciudadanos deberían tener alguna explicación más.
La salida de quien ha sido fiel sanchista hasta poner el partidismo por delante de su responsabilidad de Estado tiene todas las papeletas para que abran bien los ojos en las federaciones socialistas. Martín respaldó a Enma López frente a Reyes Maroto en las primarias madrileñas. Su exclusión de las listas ha sido vista como una purga. La sospecha es que ahora le han pasado aquella factura. Además, en la dirección del partido su dimisión ha sentado a cuerno quemado. En plena llamada al entusiasmo, uno de los suyos abre la puerta, se marcha y da un buen portazo.
Cualquier dirigente que haya discrepado puede preguntarse cuánto tardará en llegarle el turno de la purga. Las listas tienen esa capacidad sobrenatural. Porque aclaran las relaciones de poder: quién decide, quién obedece y quién sobra. El “gran elector” habla.
Los que hasta ayer parecían dispuestos a acompañar al capitán en plena tormenta. Ahora discuten por los puestos de los botes salvavidas.
Sánchez puede seguir deslumbrado con Brasil para sembrar ilusiones sobre su triunfo. Claro. Pero aquí tendrá que convencer a los españoles. Y antes, por lo que se va viendo, tranquilizar a muchos compañeros.
A. M. BEAUMONT