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Sánchez sobrevive, pero no gobierna

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez

El presidente del Gobierno, Pedro SánchezJUANMA JIMENEZ

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Todo no puede ser propaganda. Sánchez se ha dedicado a llenar las pantallas de discursos, a proclamar que España avanza y ha presentado cada crítica como una conspiración. Pero la realidad es tozuda y acaba entrando en las casas sin pedir permiso a La Moncloa. Urda ha vuelto a teñirla de negro. Otra tragedia ferroviaria. Otro golpe terrible a la confianza de los españoles.

No soy un experto en ferrocarriles y por eso no anticiparé las conclusiones de la investigación como veo que hacen muchos compañeros. Hablo de política. Del Gobierno de Sánchez, que lleva ocho años en el poder y debe responder por su gestión. Y escuchar sus explicaciones exige un esfuerzo extraordinario: parece que acaba de llegar y se ha encontrado con los problemas encima de la mesa.

Ahora se abre paso el fallo humano. Pero las explicaciones técnicas no pueden servir de burladero para quienes gobiernan. Los ministros tienen responsabilidades sobre los servicios que dirigen. Y el presidente, sobre los ministros que sostiene. Faltaría más.

Sánchez se ha esforzado estos años en permanecer en La Moncloa. Se ha entregado a eso. Cada exigencia de sus socios ha encontrado una negociación. Las amenazas a su continuidad, una respuesta. Las votaciones decisivas, todos los esfuerzos necesarios. Ahí sí hemos visto atención, constancia y capacidad para encontrar soluciones. Incluso traspasando líneas rojas políticas que ningún presidente español había cruzado.

Me gustaría poder reconocer esa misma determinación en la gestión de los servicios públicos. El balance lo tenemos delante. Una legislatura sin aprobar unos solos Presupuestos. Las cuentas de 2023 prorrogadas. Ábalos, que fue ministro de Transportes y secretario de Organización del PSOE, condenado por corrupción. Koldo, también. El dinero público convertido en negocio privado mientras los ciudadanos escuchaban lecciones de ejemplaridad.

Y, pese a todo ello, siempre ha habido una explicación para que nadie asuma el coste político. Pedir una dimisión parece una agresión. Exigir responsabilidades, una maniobra partidista. Reclamar un cambio, casi una herejía. Sánchez quiere decidir hasta cuándo podemos juzgarlo.

Pues precisamente ahora corresponde hacerlo. Después de ocho años hay un historial suficiente para valorar prioridades, nombramientos y resultados. Los españoles pagan sus impuestos, utilizan los servicios públicos y soportan las consecuencias de las decisiones del poder. Así que tienen todo el derecho a pasarle la cuenta.

Creo que España necesita un cambio. La supervivencia de Sánchez se ha convertido en la tarea principal de su Gobierno. Y conservar la Presidencia no equivale a cumplir con ella. Sánchez ha demostrado que sabe sobrevivir en La Moncloa. Gobernar exige bastante más.

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