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Sánchez y el miedo a los otros

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez

El presidente del Gobierno, Pedro SánchezJUANMA JIMENEZ

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Me lo preguntan muchas veces por la calle: “¿Pero cómo puede seguir teniendo votantes Pedro Sánchez?”. La pregunta es pertinente. Y para responder hay que aceptar algo incómodo: un ciudadano puede estar descontento con su Gobierno y seguir votándolo.

Desde luego, no todos tienen las mismas razones. Hay quien ha decidido que no va a cambiar su camisa socialista. Vive aferrado a sus convicciones. Otros ven exageradas las críticas que se le hacen a Sánchez. Hay incluso quien encuentra justificaciones que jamás admitiría si el presidente fuera del PP. Y también están los hartos de Sánchez que temen más que gobiernen los otros. Aquí, en este último nicho, es donde quiere zambullirse Sánchez de cara al 29N.

El mandamás socialista necesita que sus electores lleguen a las urnas pensando en Abascal. Que escuchen una crítica a su gestión y vean una maniobra estratégica de la derecha. Que cualquier petición de responsabilidades sea considerada una ayuda al adversario. Es su manera de convertir el examen al Gobierno en un juicio a la oposición. Una jugada bien rentable para quien tiene que rendir cuentas.

¿Quién no conoce este tipo de conversaciones? Se empieza asegurando que lo ocurrido es intolerable y se termina preguntando: “¿Y qué quieres, que gobiernen PP y Vox?”. Así se hace desaparecer la inutilidad del gobernante. La conversación ha entrado por otros derroteros. Sánchez puede respirar.

La fidelidad política tiene mucho de biografía. Hay personas que han votado al PSOE toda su vida, como antes lo hicieron sus padres. Cambiar cuesta. También reconocer que aquel en quien se confió ha malversado la confianza. Conviene entenderlo si se desea que nadie confunda la crítica a Sánchez con desprecio a sus votantes.

Pero entenderlo, por supuesto, no significa darles la razón. Porque quien cree en unos principios tiene que exigir con más ahínco a quien los representa. Si todo se perdona para evitar que gane el contrario, el gobernante acaba sabiendo que cualquier cosa le está permitida.

La pregunta, entonces, merece otra vuelta. ¿Qué tendría que hacer Sánchez para perder el apoyo de quienes hoy se lo mantienen pese a su decepción?

Si la respuesta es “nada, mientras enfrente estén los otros”, el presidente ya conoce su margen. Aunque esa factura la paguemos todos.

A. M. BEAUMONT

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