| 14 de Enero de 2022 Director Antonio Martín Beaumont

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Dirigentes del PSOE pidieron ayuda al PP para frenar a Sánchez.
Dirigentes del PSOE pidieron ayuda al PP para frenar a Sánchez.

Pesos pesados de ZP rogaron ayuda para cocer a Sánchez en su salsa

El drama es que quien pagará la factura de las aspiraciones del líder es el PSOE. Pero aparte de eso las puñaladas en lo más alto del socialismo contra Sánchez han sido un hecho.

| Ricardo Rodríguez Opinión

Uno de los espectáculos políticos más llamativos es el que está protagonizando Pedro Sánchez en su carrera hacia La Moncloa. El secretario general del PSOE, él mismo que aspiraba a mirar al centro y hacerlo con un proyecto transformador del país alejado del clásico de derechas e izquierdas, está tentado en aceptar condiciones de Podemos, un partido radical, que tiene como modelos a Grecia y Venezuela o que reclama un proceso constituyente, su apuesta por la “plurinacionalidad” del Estado, en abierta rebeldía contra las leyes.

Sánchez lleva camino de destrozar a su formación, que hoy es sinónimo de descrédito tras el oportunismo de una estrategia que le ha llevado a ceder senadores a ERC o a DiL. Ésos son también socios con los que Pedro Sánchez quiere recorrer el camino hacia el Poder. El líder socialista tiene una posibilidad, pero no hay que darla por descartada, pues ya ha evidenciado su capacidad de aguantar las presiones de sus críticos, empezando por Susana Díaz, y ha terminado imponiendo su criterio en el PSOE.

De fijarse en todos los errores garrafales cometidos por Sánchez, por acción u omisión, durante los 17 meses como inquilino de Ferraz, lo que se detecta entre los rangos socialistas es una mezcla de resignación pragmática y de fatalismo trágico. Las percepciones internas oscilan entre el “Pedro salva un obstáculo a costa de engordar los próximos” y el “Pedro nos lleva al límite”, pero nadie, o para ser más exactos, casi nadie cree, que de seguir las cosas por el camino hasta ahora trazado, el PSOE sobreviva.

Sin embargo, el secretario general no hubiera llegado tan lejos sin contar con el silencio e incluso la complicidad de un sector importante del partido. Una demostración de hasta qué punto pueden subvertirse los valores de una marca centenaria galvanizada únicamente en torno al rechazo al PP. En este punto tal los detractores de Pedro Sánchez deciden que lo mejor es apelar a los populares alarmados, abochornados y humillados ante la situación. Entre ellos, ex ministros de José Luis Rodríguez Zapatero como José Blancoy Ramón Jáuregui, pero también la otrora vicesecretaria general del PSOE, con Alfredo Pérez Rubalcaba, Elena Valenciano.

No ha hecho falta parar las máquinas para acusar recibo de sus mensajes al Partido Popular clamando “caña a Sánchez”. De esta manera, Mariano Rajoy no se nutre en exclusiva de la información que, entre otros, le han dado en privado Felipe González o José Luis Rodríguez Zapatero. De sus conversaciones con los ex presidentes no habla el jefe del Ejecutivo en funciones con nadie, pero en la calle Génova las citan como dato añadido para seguir poniendo presión sobre Sánchez que amenaza con llevar al PSOE al desguace.

Y en ese terreno, Pedro Sánchez erró al desechar a la salida de La Zarzuela un argumentario de escasos cuatro puntos elaborado a toda prisa por sus estrechos colaboradores César Luena y Antonio Hernando para salir al paso con dureza al descuelgue protagonizado por Pablo Iglesias de un hipotético gobierno con carteras ya distribuidas. El mismo papel de marras sirvió de base del comunicado oficial que el PSOE lanzó 24 horas después para elevar el tono contra el “chantaje” del líder podemita. El dilema que tiene Sánchez es presentarse como un hombre de Estado o echarse al monte con Podemos. Con su confusa conducta, corre el riesgo de que el ciudadano de a pie prefiera el original a una mera copia.