Cuando el dolor cervical no es una anécdota y el papel del ejercicio en la recuperación del cáncer

FONENDO
Si alguien quiere saber cómo vivimos hoy, no hace falta un sociólogo. Basta con mirar nuestras cervicales. Según el Fisiómetro 2025, el dolor cervical concentra más del 40 % de los tratamientos de fisioterapia a domicilio en España. No es una epidemia, es un espejo. Y no siempre nos gusta lo que refleja.
No estamos más lesionados; estamos más sentados. Mal sentados, además. Jornadas interminables frente a pantallas, teletrabajo desde la mesa de la cocina, videollamadas encadenadas y esa peligrosa costumbre de pensar que el cuerpo se puede “pausar” mientras el Excel sigue abierto. El resultado: cuello, espalda y zona lumbar concentrando más de la mitad de las consultas. Nada inesperado. Nada casual. Al menos en mi caso.
La sorpresa —si es que queda alguna— está en quiénes piden ayuda. Seis de cada diez usuarios de fisioterapia a domicilio tienen entre 30 y 50 años. No hablamos de achaques de la edad, sino de efectos secundarios del estilo de vida. El dolor ya no llega al final de la carrera laboral; se cuela en mitad del camino.
En este escenario, la fisioterapia a domicilio no triunfa por comodidad, sino por pura lógica. En cinco años, el número de sesiones se ha multiplicado por más de 50. No porque nos hayamos vuelto frágiles, sino porque no tenemos tiempo ni para desplazarnos… pero sí para acumular contracturas.
Buena nota de esta realidad ha tomado el Ruber Internacional Centro Médico Habana, que ha decidido adelantarse a las cervicales reincidentes y reforzar su recuperación funcional especializada con fisioterapia a domicilio, una decisión tan lógica que ni las cervicales se quejan.
Si el cuello y la espalda nos cuentan cómo trabajamos, el ejercicio físico explica —cada vez mejor— cómo sobrevivimos. También al cáncer. En España ya hay más de dos millones de supervivientes, y su número sigue creciendo no solo gracias a la investigación y a la radioterapia, sino también a algo tan poco épico como moverse.
Así lo recuerda la Sociedad Española de Oncología Radioterápica (SEOR): el ejercicio no es un complemento decorativo, sino parte del tratamiento y de la recuperación.
La radioterapia sigue siendo un pilar fundamental —entre el 50 y el 60 % de los pacientes la necesitarán—, pero cada vez está más claro que sobrevivir no basta: hay que vivir mejor. Investigación, tecnología y ejercicio físico forman hoy un tridente inseparable.
Quizá el futuro de la oncología no solo se mida en porcentajes de curación, sino también en cuántos supervivientes vuelven a moverse sin miedo. Y sin dolor.