Por qué el café no sube la tensión y puede ayudar a bajarla
Tim Spector, experto en epidemiología y salud intestinal, desmonta uno de los mitos más repetidos sobre esta bebida

Foto de archivo de un camarero sirviendo un café.
Durante décadas, el café ha cargado con una mala fama persistente. Se ha asociado a nerviosismo, palpitaciones y, sobre todo, a un supuesto aumento de la presión arterial. Ese temor ha llevado a muchas personas a reducir o eliminar su consumo, especialmente a partir de cierta edad o ante cualquier problema cardiovascular. Sin embargo, la evidencia científica más reciente apunta en otra dirección muy distinta.
El mito comenzó a consolidarse en los años ochenta, cuando se observó que la cafeína podía elevar transitoriamente la tensión justo después de su ingesta. Aquellos estudios, limitados y poco contextualizados, acabaron marcando décadas de recomendaciones. Hoy, con análisis más amplios y de largo plazo, la lectura es muy diferente.
Lo que dice la ciencia actual
Tim Spector, profesor de epidemiología genética y especialista en salud intestinal, explica que el consumo habitual de café no solo no aumenta la presión arterial, sino que en muchos casos se asocia a valores ligeramente más bajos a medio y largo plazo.
Los grandes estudios poblacionales muestran que las personas que toman entre tres y cuatro tazas de café al día presentan un menor riesgo de hipertensión, ictus y enfermedad cardiovascular. El efecto estimulante inicial de la cafeína existe, pero es breve y el organismo desarrolla tolerancia rápidamente. Lo que queda es el impacto de otros compuestos mucho más relevantes.
De hecho, las guías de instituciones como la Mayo Clinic o la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria coinciden en que un consumo moderado es seguro para la mayoría de adultos sanos.
No es solo la cafeína
Uno de los errores más comunes es pensar que el café es solo cafeína. En realidad, contiene más de 1.000 compuestos bioactivos, muchos de ellos con efectos antiinflamatorios y antioxidantes. Entre los más importantes están los polifenoles, responsables de buena parte de sus beneficios cardiovasculares.
Estos compuestos ayudan a mejorar la función de los vasos sanguíneos, reducen la inflamación crónica y protegen frente al estrés oxidativo. Y aquí hay un dato clave: también están presentes en el café descafeinado, lo que explica por qué este tipo de café ofrece beneficios similares.
Según Spector, centrarse únicamente en la cafeína ha hecho que se ignore durante años el verdadero potencial protector de esta bebida.
Microbiota y digestión
Otro de los efectos menos conocidos del café está en el intestino. El café actúa como estimulante de la microbiota, favoreciendo el crecimiento de bacterias beneficiosas. Contiene fibra soluble y compuestos fermentables que mejoran el tránsito intestinal y la diversidad bacteriana, un factor clave para la salud metabólica y cardiovascular.
Además, su consumo regular se asocia a un menor riesgo de diabetes tipo 2, una enfermedad estrechamente ligada a la hipertensión. Esta relación indirecta refuerza la idea de que el café puede tener un papel protector más amplio del que se creía.
Cuánto y cómo tomarlo
La clave, como casi siempre en nutrición, está en la dosis y en el contexto. Los expertos sitúan el consumo óptimo en hasta cuatro tazas diarias, evitando añadir grandes cantidades de azúcar, siropes o natas que anulan sus beneficios.
También es importante escuchar al cuerpo. Algunas personas son más sensibles a la cafeína y pueden experimentar insomnio o ansiedad, especialmente si lo toman por la tarde. En esos casos, el descafeinado sigue siendo una opción válida y saludable.
Lejos de ser un enemigo del corazón, el café ha pasado a ocupar un lugar muy distinto en la ciencia de la nutrición.