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Ni dieta ni ejercicio: el factor invisible que está condicionando la salud de los adolescentes

Así ponen en riesgo los adolescentes su salud: es más importante que las horas de sueño y puede condicionar qué comemos y cuánto nos movemos

Un adolescente usa el móvil en la cama

Un adolescente usa el móvil en la cama"Javier Zayas"

Antonio Bret
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El descanso siempre ha sido importante cuando hablamos de salud, pero una nueva investigación de la Penn State College of Medicine revela algo mucho más específico: no es solo la cantidad de horas que duerme un adolescente, sino a qué hora lo hace. 

El estudio, del que se ha hecho eco Neuroscience News, demuestra que el horario de sueño está directamente relacionado con la alimentación, el ejercicio físico y la salud cardiovascular.

El verdadero problema no es dormir poco, sino dormir tarde

Durante mucho tiempo, siempre se ha hecho hincapié —y formulado como un estándar— en las típicas ocho horas de sueño. Sin embargo, esta investigación cambia el enfoque: el momento en que los adolescentes se acuestan y se despiertan puede ser, incluso, mucho más determinante.

Los datos son reveladores. Los adolescentes con hábitos nocturnos (los llamados ‘búhos’, a diferencia de los adolescentes con hábitos diurnos, que se les conoce como ‘alondras’) consumen más calorías, picotean con una mayor frecuencia y realizan menos actividad física. Es decir: acostarse y dormir tarde no solo afecta al descanso, sino que desencadena una serie de decisiones poco saludables, por lo general.

El reloj biológico, el gran protagonista

¿Qué hay detrás de todo esto? Lo que se conoce como ‘ritmo circadiano’, un reloj interno que regula cuándo tenemos sueño, hambre o energía. Durante la adolescencia, este reloj se retrasa de manera natural. 

Los jóvenes tienden a acostarse más tarde, pero siguen teniendo que madrugar para ir al instituto. Este desajuste se conoce como ‘jet lag social’ y tiene consecuencias directas: más antojos de alimentos ricos en azúcar y grasas, sustitución de comidas como el desayuno por snacks y una menor motivación para hacer ejercicio.

El efecto se dispara durante el curso escolar

Irse a dormir impacta en el organismo de los adolescentes el doble de fuerte durante el periodo escolar. Esto genera descanso y fatiga acumulados, unas peores decisiones alimentarias y un mayor sedentarismo. En vacaciones, cuando pueden ajustar mejor sus horarios, ya que no tienen que madrugar, estos efectos se ven reducidos.

Dormir bien, el factor olvidado de la salud

De siempre se ha dicho que dos de los pilares esenciales para tener una buena salud son dieta y ejercicio. Sin embargo, esta investigación añade una tercera clave que suele pasarse por alto: el sueño como regulador de los otros dos; es más: los expertos aseguran que no pueden entenderse por separado. El horario influye directamente en qué comemos, cuánto nos movemos y cómo funciona nuestro metabolismo.

Un cambio pequeño que puede tener gran impacto

La conclusión que se saca de la investigación es evidente: ajustar los horarios de sueño puede ser una de las formas más eficaces de mejorar la salud en adolescentes. No se trata solo de dormir más horas, sino de hacerlo en horarios más regulares y alineados con el día. Algo tan básico como acostarse antes o mantener una rutina estable marca la diferencia entre hábitos saludables o todo lo contrario.

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