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Los expertos coinciden: no es cuánto comes, es la calidad de lo que comes

La calidad de la dieta y el consumo de ultraprocesados explican mejor el riesgo de mortalidad que la vieja idea de "comer menos"

La evidencia científica apunta a que no solo importa cuánto comemos, sino la calidad de los alimentos que forman parte de la rutina diaria

La evidencia científica apunta a que no solo importa cuánto comemos, sino la calidad de los alimentos que forman parte de la rutina diariaGetty Images

Patricia de la Torre
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Durante años, el mensaje se resumió de forma casi cruel: comer menos, pesar menos, vivir mejor. Pero la ciencia lleva tiempo afinando ese diagnóstico. Hoy, la conversación ya no gira solo en torno a la cantidad, sino a la calidad. Y ahí es donde aparece el verdadero giro: no basta con reducir calorías si lo que llena el plato sigue siendo una suma de productos de baja calidad nutricional. Los expertos coinciden cada vez más en esa idea, y dos grandes investigaciones, una publicada en The New England Journal of Medicine en 2017 y otra en The BMJ en 2019, ayudan a explicarla con una claridad difícil de ignorar.

El estudio 'Association of Changes in Diet Quality with Total and Cause-Specific Mortality', publicado en The New England Journal of Medicine en 2017, siguió durante años a decenas de miles de adultos de las cohortes Nurses’ Health Study y Health Professionals Follow-up Study. Su conclusión es que mejorar la calidad de la dieta a lo largo del tiempo se asocia con una reducción del riesgo de muerte.

La investigación no plantea una dieta milagro ni una fórmula única. Lo que muestra es que mejorar patrones dietéticos reconocidos como saludables, como el patrón mediterráneo, el índice de alimentación saludable o la dieta DASH, se relaciona con una menor mortalidad total. Según los resultados del estudio, una mejora de la calidad de la dieta se asoció con una reducción del riesgo de muerte de entre un 8% y un 17%, dependiendo del índice analizado. Además, quienes mantuvieron una dieta de alta calidad durante años también presentaron un riesgo de muerte más bajo que quienes conservaron una dieta pobre.

Eso cambia por completo el marco mental con el que muchas personas abordan la alimentación. Porque el mensaje ya no es solo "come menos", sino "come mejor". El estudio no dice que la cantidad no importe nunca, pero sí deja claro que la calidad dietética es un factor decisivo en la supervivencia y en la salud a largo plazo.

Los ultraprocesados se asocian con un peor perfil dietético

La segunda pieza clave la aporta el estudio 'Association between consumption of ultra-processed foods and all cause mortality: SUN prospective cohort study', publicado en The BMJ en 2019. En este caso, la investigación analizó a 19.899 participantes del proyecto SUN en España y encontró una asociación directa entre un mayor consumo de ultraprocesados y un mayor riesgo de mortalidad por cualquier causa.

Las personas con mayor consumo de ultraprocesados, más de cuatro raciones al día, presentaron un 62% más de riesgo relativo de mortalidad frente a quienes consumían menos. El estudio añade otro dato muy revelador para el lector: cada ración adicional diaria de ultraprocesados se asoció con un aumento relativo del 18% en el riesgo de mortalidad.

Aquí conviene ser rigurosos. El estudio habla de asociación, no de una causalidad absoluta cerrada. Pero la dirección del hallazgo es inequívoca y, además, encaja con algo que se repite en todo el artículo: quienes consumen más ultraprocesados suelen mostrar un patrón dietético globalmente peor, con menos fruta, menos verdura, menos fibra y menor adherencia a la dieta mediterránea. Es decir, el problema no es solo el exceso, sino la sustitución de alimentos frescos o mínimamente procesados por productos diseñados para ser baratos, cómodos, hiperpalatables y nutricionalmente pobres.

La salud no depende solo de cuánto quitas, sino de qué dejas entrar. Eso desmonta uno de los errores silenciosos más instalados en la cultura del bienestar. Muchas personas creen que están haciendo las cosas bien porque comen poco, cuentan calorías o reducen cantidades, pero siguen apoyando su dieta en productos ultraprocesados, snacks, bebidas azucaradas, bollería, carnes procesadas o platos listos para consumir. La evidencia que aportan estos estudios no va por ahí. Lo que importa de verdad es la estructura del patrón alimentario.

No es casual que el estudio del NEJM destaque como elementos comunes de mejora el aumento de cereales integrales, verduras, frutas, pescado o grasas saludables. Ni que el estudio del BMJ vincule el mayor consumo de ultraprocesados con un peor perfil dietético general. La lectura conjunta deja una idea editorial potentísima: no es cuánto comes, es la calidad de lo que comes.

Una dieta de calidad no se define por la restricción vacía, sino por la presencia consistente de alimentos frescos o mínimamente procesados y por la reducción de productos ultraprocesados. Porque al final no se trata solo de adelgazar, sino de vivir mejor y durante más tiempo.

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