ESdiario

Ni dieta ni contar calorías: el cambio simple que aconsejan los expertos para comer menos

¿Y si el problema no fuera contar calorías? Cada vez más expertos señalan un hábito cotidiano que puede influir en cuánto comemos sin necesidad de vivir pendientes de etiquetas, aplicaciones o cálculos en cada comida.

Joven tomando sopa

Joven tomando sopaEnvato.com

Elena Bellver
Publicado por

Creado:

Actualizado:

Una revisión de 22 estudios y varios ensayos controlados han vuelto a destacar la importancia de la velocidad al comer: bajar el ritmo puede ayudar a ingerir menos, aunque los expertos recuerdan que no se trata de una solución mágica ni funciona igual en todos los casos.

Contar calorías

Contar caloríasEnvato.com

Contar calorías puede servir, pero no todo el mundo quiere vivir con una calculadora en la cabeza. Hay personas a las que les ayuda, sí, pero para muchas otras acaba siendo una rutina pesada: mirar etiquetas, medir raciones y convertir cada comida en una suma. Frente a eso, la investigación lleva tiempo mirando hacia un cambio mucho más fácil de aplicar en la vida diaria

No tiene que ver con comer menos por obligación, sino con algo bastante más sencillo: comer de otra manera. BBC Future, la sección de divulgación científica de la BBC, ha resumido esta línea de trabajo para el gran público, y detrás aparecen estudios científicos revisados y localizados en PubMed, la base de datos biomédica de la Biblioteca Nacional de Medicina de Estados Unidos.

El gesto del que hablan los especialistas

Comer despacio

Comer despacio

Ese cambio es comer más despacio. Puede parecer poca cosa, pero precisamente ahí está su fuerza. No exige una dieta rara, no obliga a comprar productos concretos y tampoco pasa por vivir pendiente de una aplicación. UChicago Medicine, el centro médico académico de la Universidad de Chicago, lo explica en un artículo divulgativo firmado por el médico Edwin McDonald: la velocidad al comer puede influir en la cantidad que una persona termina ingiriendo.

Lo que dicen los estudios

Persona comiendo sopa

Persona comiendo sopaEnvato.com

La idea no nace de una moda pasajera. Detrás hay estudios que apuntan en la misma dirección. Una revisión sistemática con metaanálisis, localizada en PubMed, la base de datos biomédica de la Biblioteca Nacional de Medicina de Estados Unidos, analizó 22 estudios y observó que una velocidad de ingesta más lenta se asociaba con una menor ingesta de energía frente a una velocidad rápida. Dicho de forma más simple: en bastantes casos, comer más despacio se relaciona con comer menos en esa misma comida.

Ahora bien, aquí conviene no exagerar. Esa revisión también advertía que no todos los estudios daban resultados idénticos y que muchos eran ensayos de corto plazo, realizados a menudo con adultos jóvenes y personas de peso saludable. El American Institute for Cancer Research, organización especializada en la relación entre alimentación, cáncer y salud, resumió ese trabajo de forma bastante clara: comer más lento puede ayudar, pero no debe presentarse como una solución mágica ni universal.

Un ensayo que ayuda a contar bien la historia

Comer deprisa

Comer deprisaEnvato.com

Esa cautela se entiende todavía mejor al mirar un estudio concreto. Un ensayo controlado aleatorizado de 2014, firmado por Meena Shah, publicado en Journal of the Academy of Nutrition and Dietetics y recogido en PubMed, la base de datos biomédica de la Biblioteca Nacional de Medicina de Estados Unidos. 

El estudio, comparó a personas que comían despacio con otras que lo hacían más deprisa. El resultado fue interesante: en los participantes con peso normal, comer más despacio redujo de forma clara la cantidad ingerida. En el grupo con sobrepeso u obesidad, la diferencia no fue igual de clara desde el punto de vista estadístico. Aun así, en ambos grupos descendió la sensación de hambre tras la comida.

Por qué comer deprisa juega en contra

Comer cupcakes

Comer cupcakes

La explicación resulta bastante lógica. El cuerpo no manda todas las señales de saciedad de forma inmediata. Cuando alguien termina el plato muy rápido, puede haber ingerido más comida antes de que esas señales hayan tenido tiempo de aparecer con claridad. En otras palabras: no siempre seguimos comiendo porque tengamos más hambre, sino porque vamos demasiado deprisa para notar que ya estábamos satisfechos. (BBC Future).

Un estudio muy citado ayuda a entender este mecanismo. Fue publicado en The Journal of Clinical Endocrinology & Metabolism y puede consultarse en PubMed, la base de datos biomédica de la Biblioteca Nacional de Medicina de Estados Unidos. Comparó a 17 varones adultos sanos que tomaban la misma cantidad de helado en 5 minutos o en 30 minutos. 

Comer helado

Comer helado

Cuando lo hacían más despacio, aumentaban dos hormonas intestinales ligadas a la saciedad, PYY y GLP-1. Es un dato interesante porque ayuda a explicar qué puede estar pasando en el organismo, aunque también conviene recordar su límite: la muestra era pequeña y poco diversa.

No solo importa la saciedad

Comer nueces

Comer nueces

Hay otro punto que vuelve este hábito aún más interesante. Un estudio cruzado aleatorizado publicado en 2020 y recogido en PubMed, la base de datos biomédica de la Biblioteca Nacional de Medicina de Estados Unidos, examinó a 19 mujeres sanas que comieron exactamente lo mismo en dos condiciones distintas: una vez en 10 minutos y otra en 20. Cuando la comida se hizo más deprisa, los niveles de azúcar en sangre subieron más. 

Y aquí está una de las claves del asunto: no hablamos solo de adelgazar o no aldegazar. También hablamos de recuperar una manera más normal de sentarse a la mesa, algo que en la práctica diaria se ha ido perdiendo entre pantallas, horarios apretados y comidas resueltas a toda velocidad.

Cómo comer más despacio con cambios fáciles de aplicar

Comer más despacio

Comer más despacioEnvato.com

La parte buena de este consejo es que no obliga a teatralizar cada comida. No hace falta contar masticaciones ni comer con cronómetro. Lo útil es introducir pequeñas pausas para bajar el ritmo de forma natural. Tanto el American Institute for Cancer Research como UChicago Medicine recogen ideas sencillas para conseguirlo.

Algunas formas prácticas de hacerlo son estas:

  • Dejar el cubierto sobre el plato entre bocado y bocado;
  • No preparar el siguiente bocado antes de haber terminado el anterior;
  • Masticar con más calma, sin la prisa de acabar cuanto antes;
  • Hacer una pequeña pausa a mitad de la comida;
  • Evitar comer con el móvil, el ordenador o haciendo otra tarea al mismo tiempo;
  • Dedicar unos minutos más a las comidas principales.

No hace falta hacerlo todo de golpe. A veces basta con introducir uno o dos cambios para notar que la comida dura más, que el cuerpo responde mejor y que la sensación de saciedad llega de forma más clara. Comer más despacio no hace milagros, pero sí puede ayudar a comer con más control y a notar antes la saciedad. A veces, la mejora más útil no está en cambiar toda la dieta, sino en dejar de comer con prisas.

Si te ha gustado el artículo compártelo en tus redes sociales y déjanos un comentario con tu opinión.

tracking