ESdiario

No eran nervios, era Cushing y también lupus de cerca

FONENDO

FONENDO

Publicado por

Creado:

Actualizado:

Hay enfermedades que tardan tanto en diagnosticarse que cuando por fin les ponen nombre, el paciente ya ha pasado por todas las fases emocionales posibles, incluida la de pensar que lo suyo era simplemente “estrés” o “hacerse mayor”. El síndrome de Cushing pertenece a esa categoría de patologías especialistas en el despiste. La Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición (SEEN) recuerda que el retraso diagnóstico supera el año en la mayoría de los casos y, a veces, alcanza hasta los tres. Tres años para descubrir que el cuerpo llevaba fabricando cortisol como si no hubiese un mañana.

Y claro, el organismo pasa factura. Hipertensión, diabetes, osteoporosis, pérdida muscular, ansiedad, depresión, insomnio… El cuerpo humano, cuando se descompensa, tiene la delicadeza de hacerlo a lo grande. Porque no contento con alterar las hormonas, también decide arruinarte el sueño, el humor y la paciencia.

El doctor Pablo Jesús Remón Ruiz, secretario del Área de Neuroendocrinología de la SEEN, insiste en que muchas secuelas pueden persistir incluso tras controlar el hipercortisolismo. Traducido al castellano cotidiano: uno puede curarse y seguir sintiéndose como si el organismo hubiese pasado una temporada sabática saboteando su equilibrio interno.

Lo más fascinante es que muchos pacientes escuchan durante años frases tipo “tienes que relajarte”, “haz deporte” o el clásico “eso son nervios”, hasta que aparece un endocrino y descubre que, efectivamente, sí había algo más serio que una mala semana.

Porque detectar precozmente el síndrome de Cushing no es solo una cuestión médica; es casi un acto de justicia biológica. Aunque, siendo honestos, el verdadero milagro endocrino sigue siendo conseguir que alguien pronuncie “hipercortisolismo” correcta-mente a la primera.

Y en realidad, eso conecta bastante bien con muchas enfermedades autoinmunes. Lo sabe cualquiera con lupus eritematoso sistémico (LES): fatiga extrema, dolor articular, niebla mental y brotes que aparecen y desaparecen con el mismo criterio organizativo que tiene una impresora cuando decide atascarse. Ese es mi caso. Durante años, muchos pacientes escuchan frases tipo “eso son nervios”, “tienes que descansar más” o “haz un poco de ejercicio”, hasta que un especialista confirma que, efectivamente, sí había algo más serio que una mala semana.

Por eso tienen sentido iniciativas como ‘Lupus de cerca’, impulsada por GSK y FELU-PUS, que ya ha formado a más de cien pacientes para ayudarles a comprender mejor una enfermedad que exige casi un máster acelerado en inmunología emocional y resistencia psicológica.

Confieso además que yo, teniendo lupus, no hice ese curso. Y probablemente habría sido útil. Más que nada porque uno desarrolla técnicas de supervivencia bastante dudosas, como negociar con el cansancio o fingir que dormir cuatro horas entra dentro de un estilo de vida moderno.

Porque detectar precozmente una enfermedad es importante. Pero aprender a convivir con ella sin perder del todo el sentido del humor quizá también debería considerarse tratamiento complementario.

tracking