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El derecho a moverse, el derecho a ser cuidado

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Vivimos en una época fascinante. Somos capaces de consultar el estado del tiempo en la otra punta del planeta, reservar un vuelo en cuestión de segundos y hablar de inteligencia artificial como quien comenta el resultado del partido del domingo. Sin embargo, a veces olvidamos que los mayores avances no siempre son los más espectaculares.

La reciente actualización de la guía “Coagulopatías y viajes: lo que necesitas saber”, impulsada por Pfizer y avalada por el Ministerio de Sanidad, sociedades científicas y asociaciones de pacientes, es un buen ejemplo. Puede que una guía de viaje para personas con trastornos de la coagulación no acapare titulares ni provoque colas en las tiendas, pero su utilidad es incuestionable. Porque detrás de cada recomendación sobre medicación, vacunación o documentación médica hay algo mucho más importante: la posibilidad de vivir con normalidad.

La doctora María Teresa Álvarez, presidenta de la Sociedad Española de Trombosis y Hemostasia, ha coordinado un documento que busca precisamente eso: ofrecer seguridad y autonomía. El doctor Francisco López, hematólogo del Hospital Regional de Málaga, lo resume con claridad al señalar que el objetivo es que nadie renuncie a sus planes por culpa de la enfermedad. Y el doctor Rubén Berrueco recuerda la importancia de que niños y jóvenes con hemofilia puedan disfrutar de viajes y actividades de ocio con tranquilidad, como cualquier otro menor.

Esta apuesta por la calidad de vida conecta con otra iniciativa conocida estos días: la convocatoria de la Fundación Fenin para financiar proyectos de humanización en hospitales, centros sociosanitarios y residencias. Dos ayudas de 40.000 euros destinadas a crear espacios que mejoren el bienestar de niños y mayores. Una propuesta que recuerda que la tecnología sanitaria no debe limitarse a máquinas sofisticadas o complejos algoritmos. También puede traducirse en entornos más amables, más accesi-bles y humanos.

Porque la salud no se mide únicamente en pruebas diagnósticas o estadísticas. También se refleja en la capacidad de viajar sin miedo, rehabilitarse en espacios adecuados o afrontar una enfermedad con mayor tranquilidad. Al final, la verdadera innovación sanitaria no consiste solo en desarrollar tratamientos cada vez más avanzados. También pasa por algo tan revolucionario como permitir que una persona haga la maleta con confianza o que un niño hospitalizado encuentre un lugar más acogedor donde recuperarse.

A veces, el progreso no llega envuelto en promesas futuristas ni en grandes campañas de marketing. A veces llega, simplemente, disfrazado de sentido común. Y visto cómo está el mundo, quizá sea la innovación más necesaria de todas.

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