Los 4 factores que un neurólogo recomienda vigilar para proteger el cerebro

El neurólogo Mario Camargo señala cuatro factores que conviene cuidar para proteger el cerebro frente al deterioro asociado a la edad.

El ejercicio y el control de la presión arterial, la glucosa y el colesterol forman parte de los factores relacionados con el cuidado de la salud cerebral.Unsplash

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El cerebro envejece con el resto del cuerpo, pero la edad cuenta solo una parte de la historia. La actividad física, la presión arterial, la glucosa y el colesterol aparecen entre los factores sobre los que podemos actuar para cuidar la salud cerebral a lo largo de los años. El neurólogo Mario Camargo los reúne en una explicación sencilla que parte de una comparación fácil de visualizar: igual que determinados hábitos afectan a la piel, algunos problemas de salud pueden dejar también su huella en el cerebro.

"Se puede arrugar más rápido si no haces ejercicio, si no controlas tu presión arterial, si no controlas el azúcar de tu diabetes", explica Camargo en un vídeo divulgado en sus redes sociales. El especialista añade después el colesterol y los triglicéridos y utiliza tres palabras muy gráficas para explicar el resultado: "Se atrofia, se arruga, se achica tu cerebro".

La expresión "arrugarse" funciona como recurso divulgativo. En términos médicos, hablamos de cambios estructurales, daño vascular y pérdida de volumen cerebral que pueden aparecer con la edad o asociarse a determinadas enfermedades. La idea de fondo del neurólogo coincide con una de las grandes líneas actuales de prevención de la demencia: cuidar el cerebro implica también cuidar el sistema cardiovascular y metabólico.

Cómo proteger el cerebro

El primer factor que menciona Camargo es el ejercicio. El movimiento tiene beneficios que van mucho más allá de los músculos y el peso corporal y forma parte de las recomendaciones para cuidar la salud cerebral.

La Organización Mundial de la Salud incluye la actividad física entre las intervenciones relacionadas con la reducción del riesgo de deterioro cognitivo y demencia. Su actualización de las recomendaciones sobre prevención de la demencia insiste en actuar sobre distintos factores modificables a lo largo de la vida.

El ejercicio contribuye además al cuidado de otros elementos que aparecen en la explicación del neurólogo. Una vida activa ayuda al control cardiovascular y metabólico y puede formar parte del abordaje de la hipertensión, la diabetes y las alteraciones del colesterol.

El objetivo, por tanto, va más allá de buscar un entrenamiento específico para la memoria. Mover el cuerpo también forma parte del cuidado del cerebro.

La presión arterial ocupa el segundo lugar en la explicación de Camargo y representa una conexión que a veces pasa desapercibida: aquello que afecta a los vasos sanguíneos puede repercutir también en el cerebro.

La hipertensión mantenida puede dañar los vasos y está reconocida entre los factores modificables asociados con el riesgo de deterioro cognitivo y demencia. Por eso, conocer las cifras de presión arterial y seguir las indicaciones sanitarias cuando existe hipertensión adquiere importancia más allá de la prevención cardiovascular.

La Comisión de The Lancet sobre prevención, intervención y atención de la demencia incluye la hipertensión entre los factores modificables sobre los que existe margen de actuación a lo largo de la vida.

Camargo lo resume con una indicación directa: controlar la presión arterial también significa cuidar el cerebro.

El tercer factor es el azúcar en sangre, con especial atención a las personas con diabetes. Camargo habla de "controlar el azúcar de tu diabetes", una recomendación que vuelve a conectar la salud metabólica con la cerebral.

La diabetes figura entre los factores asociados con un mayor riesgo de demencia. Su manejo adecuado forma parte de las estrategias de salud que buscan reducir riesgos cardiovasculares y proteger distintos órganos a largo plazo.

Esto tampoco significa que una persona con diabetes vaya a desarrollar demencia. Los factores de riesgo expresan probabilidades y el deterioro cognitivo depende de una combinación compleja de edad, genética, enfermedades, entorno y estilo de vida.

La utilidad del mensaje está en otro punto: la glucosa constituye un factor medible y tratable, por lo que mantener el seguimiento médico indicado adquiere valor también desde la perspectiva de la salud cerebral.

El cuarto elemento que señala el neurólogo es el colesterol. Durante los últimos años, la investigación ha reforzado su presencia dentro de la conversación sobre prevención de la demencia.

La Comisión de The Lancet incorporó en su actualización de 2024 el colesterol LDL elevado en la mediana edad entre los factores modificables asociados con el riesgo de demencia. La OMS también contempla el manejo del colesterol dentro de las medidas relacionadas con la reducción de ese riesgo.

Camargo menciona junto al colesterol los triglicéridos. Aquí conviene introducir una diferencia: la evidencia que relaciona el colesterol LDL elevado con el riesgo de demencia está mejor establecida que la disponible para considerar los triglicéridos, por sí solos, un factor independiente equivalente.

La recomendación práctica consiste en conocer el perfil lipídico y abordar sus alteraciones con un profesional sanitario forma parte del cuidado cardiovascular y puede contribuir al cuidado cerebral.

Una parte del riesgo puede modificarse; otra depende de factores sobre los que tenemos menor capacidad de intervención, como la edad y determinados componentes genéticos. La demencia engloba además distintas enfermedades capaces de afectar al cerebro, por lo que resulta imposible reducir su origen a cuatro hábitos.

La actualización de 2024 de la Comisión de The Lancet estimó que actuar sobre 14 factores de riesgo modificables podría prevenir o retrasar cerca del 45% de los casos de demencia a escala poblacional. Además de hipertensión, colesterol elevado, diabetes e inactividad física, el informe contempla factores como tabaquismo, consumo excesivo de alcohol, pérdida auditiva, aislamiento social, depresión, obesidad, traumatismos craneales y contaminación atmosférica.

Ese 45% tampoco significa que una persona pueda reducir individualmente su riesgo exactamente en ese porcentaje. Se trata de una estimación poblacional que muestra el peso potencial de la prevención.

Camargo termina su explicación con otra pregunta: "El cerebro envejece, pero ¿cuánto vas a dejar que el tuyo envejezca?".

Su planteamiento sirve para recordar que la salud cerebral se construye durante años. Esperar a detectar fallos de memoria deja fuera buena parte del trabajo preventivo que puede realizarse antes.

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La clave está en interpretar el mensaje como prevención y no como una garantía. Cuidar estos factores puede ayudar a reducir riesgos y favorecer un envejecimiento más saludable del cerebro, aunque ninguna rutina puede asegurar por sí sola que una persona quede protegida frente a la demencia.