"Dormir mal está envejeciendo tu cerebro": el neurólogo Roberto Quiñones explica lo que ocurre mientras duermes
El neurólogo Roberto Quiñones Molina advierte de las consecuencias de dormir mal y pone el foco en un mecanismo que la ciencia estudia cada vez más

Dormir bien y respetar las horas de descanso favorece la recuperación del cerebro y procesos relacionados con la eliminación de residuos metabólicos.
Dormir mal no solo significa levantarse cansado, recurrir a un café extra o pasar el día con la sensación de no poder concentrarse. El sueño desempeña funciones esenciales para el cerebro y la investigación científica está permitiendo comprender cada vez mejor qué sucede durante esas horas que durante tanto tiempo hemos considerado simplemente de "descanso". El neurólogo Roberto Quiñones Molina lo explica de una manera mucho más gráfica: "Si no dormimos bien es como si no pasara el recolector de residuos por tu casa y te deja acumulada la basura".
La comparación puede parecer exagerada, pero detrás de ella existe un mecanismo cerebral real que lleva años despertando el interés de los investigadores: el sistema glinfático. Una especie de circuito de eliminación de residuos del cerebro cuya actividad está estrechamente relacionada con el sueño.
"Cuando dormimos mal estamos envejeciendo más aceleradamente, nuestro cerebro se está inflamando", sostiene Roberto Quiñones Molina en un vídeo publicado en su perfil de Instagram. El médico, especializado en neurología y director médico del Centro de Rehabilitación Rebiogral, relaciona además el descanso deficiente mantenido en el tiempo con el deterioro cognitivo y enfermedades neurodegenerativas.
Conviene introducir aquí un matiz importante. Dormir mal no significa que una persona vaya necesariamente a desarrollar demencia o Alzheimer, ni puede establecerse una relación directa de causa y efecto en esos términos. Lo que sí sabemos es que existe una relación cada vez más estudiada entre sueño, salud cerebral, envejecimiento y mecanismos encargados de eliminar determinados residuos metabólicos.
Una revisión publicada en 2026 en la revista científica Brain describe precisamente el sistema glinfático como una vía de eliminación de residuos que funciona en todo el cerebro y facilita la retirada de productos metabólicos durante el sueño. La investigación continúa abierta y todavía existen cuestiones por resolver sobre su funcionamiento y su importancia exacta en humanos.
La existencia de vías de este sistema en personas vivas recibió además un importante respaldo en 2024. Una investigación financiada parcialmente por los National Institutes of Health de Estados Unidos logró visualizar en cinco pacientes el movimiento de líquido cefalorraquídeo a través de espacios perivasculares del cerebro. Los propios NIH señalan que investigaciones anteriores sugieren que el deterioro de estos mecanismos de eliminación relacionado con la edad podría contribuir a enfermedades como el Alzheimer, aunque queda mucho por conocer sobre esa relación.
Dormir mal y el cerebro: la "limpieza" nocturna que estudia la ciencia
Quiñones utiliza una imagen especialmente sencilla para explicar un proceso extremadamente complejo: durante el sueño, el cerebro aprovecha para retirar parte de los residuos generados durante su funcionamiento cotidiano.
"Es como si no pasara el recolector de residuos por tu casa", explica el neurólogo cuando habla de un descanso insuficiente. "El sueño es el momento en el que el cerebro aprovecha para despojarse de todo eso, para desinflamarse y para estar listo para el día siguiente".
La metáfora tiene una base científica, aunque es necesario precisar algunos detalles. El sistema glinfático facilita el intercambio de líquido cefalorraquídeo y líquido intersticial a través de vías asociadas a los vasos sanguíneos y participa en la eliminación de proteínas solubles y productos metabólicos.
La investigación publicada en los últimos años ha puesto especial atención en moléculas como la beta-amiloide, cuya acumulación está relacionada con la enfermedad de Alzheimer. Una revisión científica publicada en 2026 señala que metabolitos como el lactato, la adenosina o la beta-amiloide se acumulan durante la vigilia y presentan procesos de eliminación asociados al sueño.
El mecanismo, sin embargo, es bastante más complejo que una simple "desintoxicación" nocturna y todavía se investiga hasta qué punto puede trasladarse directamente a la prevención de enfermedades neurodegenerativas.
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Dormir mal: REM no es lo mismo que sueño profundo
Hay además un detalle del vídeo que merece una aclaración. Quiñones afirma que dormir bien implica "no menos de 7 u 8 horas y llegar a la etapa REM", a la que posteriormente se refiere como "la etapa de sueño profundo".
Desde el punto de vista de la arquitectura del sueño, REM y sueño profundo no son exactamente lo mismo. El sueño profundo corresponde fundamentalmente a la fase N3 del sueño NREM, caracterizada por ondas lentas. La fase REM, por su parte, constituye otra etapa diferenciada y se caracteriza, entre otras cosas, por movimientos oculares rápidos y una intensa actividad cerebral.
Esta distinción importa porque buena parte de las investigaciones sobre el sistema glinfático han relacionado la eliminación de residuos especialmente con el sueño NREM y las ondas lentas. Al mismo tiempo, estudios sobre salud cognitiva muestran que la arquitectura completa del sueño es relevante y que tampoco puede reducirse la salud cerebral exclusivamente a una única fase nocturna.
Dormir bien, por tanto, no consiste simplemente en "alcanzar el REM". Nuestro cerebro atraviesa diferentes ciclos y etapas a lo largo de la noche, y duración, continuidad, regularidad y calidad forman parte de un descanso saludable.
En otro punto sí existe una recomendación especialmente sólida. La American Academy of Sleep Medicine y la Sleep Research Society establecieron que los adultos deberían dormir de manera habitual siete horas o más cada noche para favorecer una salud óptima.
No existe, por tanto, una cifra mágica idéntica para todo el mundo. Las necesidades pueden variar según la edad y las circunstancias personales, pero dormir habitualmente menos de siete horas se ha asociado con diferentes resultados adversos para la salud.
Y las horas no lo son todo. La propia American Academy of Sleep Medicine recuerda que un sueño saludable también depende de la regularidad, el momento en que dormimos, la calidad del descanso y la ausencia de trastornos del sueño.
La idea esencial que transmite Quiñones sí coincide con algo mucho menos discutible: dormir no es tiempo perdido. Mientras aparentemente no hacemos nada, nuestro cerebro desarrolla procesos fundamentales para recuperar el equilibrio necesario para enfrentarse al día siguiente.
Quizá por eso la comparación del neurólogo resulta tan efectiva. Si nadie dejaría durante semanas la basura acumulándose dentro de casa, tampoco parece demasiado razonable tratar el sueño como esas horas que podemos recortar indefinidamente para hacer sitio a todo lo demás.
"Procura dormir bien y profundamente", concluye Roberto Quiñones. Una recomendación sencilla que, lejos de ser únicamente una cuestión de energía para el día siguiente, forma parte del cuidado de la salud cerebral a largo plazo.